El termómetro: Zubeldia, haciendo olvidar a Illarramendi

Zubeldia, haciendo olvidar a Illarramendi (Foto: La Liga).

Igor Zubeldia. Mariscal. Cuando un equipo pierde a su capitán y a uno -se supone- de los mejores jugadores de la plantilla, lo normal es que sea muy difícil reemplazarle y que la espera hasta su vuelta sea larga y ansiosa. Sin embargo, en la Real esto es diferente ya que la labor que está ejerciendo Zubeldia en el corazón del centro del campo es sensacional

El domingo el futbolista azkoitiarra volvió a firmar otro gran partido. Dotó a la Real Sociedad de equilibrio, realizó varios cambios de juego con una visión del partido tremenda y estuvo muy activo en las dos áreas, tanto defendiendo como atacando, pues Igor intentó marcar en alguna ocasión.

Sandro Ramírez. Tuvo las ocasiones. Poco se puede salvar del partido de la Real en Balaídos. Sandro Ramírez no jugó bien, pero fue el único, junto con Zubeldia, que lo intentó. Dos disparos del canario, que repelió bien Rubén Blanco, fueron de las ocasiones más peligrosas que tuvo la Real Sociedad en Vigo.

Gero Rulli. Bien, pero muy mal. Otra vez las dudas en la cabeza de Rulli. A pesar de realizar una sensacional parada con el pie, evitando lo que pudo ser el primer gol del Celta, el argentino no estuvo para nada acertado el domingo, y gran parte de la culpa de los dos primeros goles es suya.

Lo primero, por realizar un penalti absurdo nada más comenzar la segunda parte. Si se va Aspas, lo muy probable es que sea gol, pero también lo puede fallar -al quedarse sin ángulo-, o puede llegar un defensor a salvarlo.

Pero si cometes penalti, te juegas la expulsión -en este caso el colegiado solo le mostró la amarilla- y además las opciones que tiene Iago de transformar la pena máxima son las mismas o incluso más de la jugada que estas paralizando.

Y luego, en el segundo gol, el meta argentino salió a por uvas, como nos tiene acostumbrados en los centros. Está claro que es un porterazo y bajo palos más aún, pero en los centros laterales comete graves errores -no son ni uno, ni dos, ni tres, ni cuatro-, al saltar en falso, dejando la portería descubierta y regalando al delantero la oportunidad clara de marcar.

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