Solamente en la osadía

Imagen: Lunciti

Solamente en la osadía

Tengo cerca de 3200 canciones amontonadas en una ridícula tarjeta micro-SD, dentro de mi móvil. Por mucho que me lo expliquen, semejante cantidad de música encriptada en un objeto tan minúsculo, me parece cosa del demonio. Cuando salgo a caminar, activo el modo aleatorio y dejo que el azar elija los sonidos que acompañan mis pasos. Esta mañana, nada más emprender el camino, ha sonado una canción de Loquillo que apenas recordaba: “Transgresiones”. Está incluida en un disco de rarezas, y si alguna vez la escuché, no me dejó huella. Pero hoy se ha quedado grabada en el ánimo, al menos el estribillo: “Obedecer a ciegas deja ciego, crecemos solamente en la osadía”.

Entre otras cosas, me he acordado de la Real. Tampoco es raro, siempre me acuerdo de la Real.

Anoche, cuando me acosté, pensé: ¿Y esta semana qué escribo? Ten cuidado, David. Conociéndote, eres capaz de empezar a divagar con que vamos a ganar la liga, o la copa. Ya no te basta la Europa League, ni siquiera el cuarto puesto.

No soy el único.

¿A que no?

Pues eso.

La culpa es de los futbolistas, que cuando menos lo esperábamos, nos han devuelto la ilusión.

Y no nos faltan razones para creer en los milagros.

El fútbol que destila este equipo es, en sí mismo, un pequeño milagro. Cada control orientado de David Zurutuza, en el centro del campo, rodeado de rivales, es un alarde de confianza, clase y elegancia. El partido en Gijón de Xabi Prieto, gol insolente incluido, es un brindis a la sutileza y al talento. El golazo de Íñigo Martínez, un sopapo bien dado, con la mano abierta, a más de un bocazas malintencionado y oportunista. ¿Qué me dicen de Asier Illarramendi? Es un futbolista de 35 años que habita (y hace gala de) un físico de 25.

No voy a recitar la alineación, ni los tres cambios habituales. Ustedes (y muchos aficionados de otros equipos) ya se la saben. Pero tengo que hacer una mención especial a un futbolista que, normalmente, tiene cara de mal genio. Termina los partidos aporreado a golpes y trompazos, siempre agotado, vacío de fuerzas y de promesas porque lo ha dado todo. Un lateral que a muchos no nos gustaba demasiado cuando llegó a la Real. Yo soy el primero que suspiraba por otro tipo de jugador, pero el partido que se marcó el domingo el señor Yuri Berchiche fue conmovedor. Y no es primero. Un jugador que todavía tiene que mejorar en los centros, pero que salta al campo convencido de que se va a merendar al rival, se llame como se llame, lleve la camiseta que lleve. Si este club vive del trabajo, la confianza y la calidad de sus futbolistas, los sueños se le ofrecen desde el atrevimiento y el corazón de hombres como Yuri.

Nada más.

Chapeau.

Sigue así, crack.

Tampoco puedo olvidar al entrenador. Ninguno deberíamos hacerlo. A Eusebio Sacristán le han caído tortas desde todos los flancos, con todas las intensidades y voluntades. Antes de fracasar ya le dábamos por cesado, he leído tuits que lo acusaban, poco menos que de impostor, de entrenador de postal. “Un nefasto entrenador de fútbol”, llegué a leer.

El fútbol, como la vida, es imprevisible y resbaladizo. Cuando menos te lo esperas, se te cae de las manos y todo se rompe en mil pedazos sin saber por qué. Cualquier día, el rumbo se tuerce, las cosas empiezan a salir mal y, especialmente en el fútbol, los dioses se humanizan y los humanos se convierten en animales. Pero hasta que llegue ese momento, habrá que empezar a reconocer el trabajo y la personalidad de este hombre que tiene cara de buena persona, pero aburrida. Alguno dirá que todo el mérito es de los futbolistas, prácticamente los mismos que David Moyes juzgaba como simples aspirantes a la salvación y gracias (a él, nada menos). Este sí que era Dios para muchos, un crack, un fenómeno, tan británico, tan elegante y tan simpático con la niña que le ofreció un gusanito. A veces, los aficionados al fútbol, incluidos algunos periodistas especializados, damos un pelín de vergüenza ajena.

Pues eso.

El nivel de juego, de excelencia y seriedad que está alcanzando este equipo con el soso de Eusebio, roza la perfección. Cuando se ha equivocado, he sido el primero en escribir un artículo pidiéndole que no tropezara en la peor de las piedras. Pero hoy solamente puedo escribir “Eskerrik asko, Eusebio”.

Suerte. La tuya será la de todos.

Y el domingo, el Barça.

El Barça de Messi, Neymar, Luis Suarez y todos los demás. Un equipo casi perfecto, que tan solo nos lleva cuatro puntos en la clasificación.

¿Qué haremos con nuestro corazón el próximo domingo?

Los futbolistas, el consejo, el entrenador, el club entero, llamará a la prudencia y a la serenidad. Hacen bien. Ellos, sobre todo los jugadores, tienen que tener los pies en el suelo. Seguir trabajando como hasta ahora, afrontar cada partido con profesionalidad, respeto al rival y todas esas monsergas. Pero los aficionados estamos empezando a soñar alto. No lo podemos evitar, va en nuestro ADN.

¿Cuánto de alto?

Todo.

El cielo, el mismo cielo.

Podemos perder, de hecho sería lo más normal viendo los presupuestos de ambos clubes y los sueldos de unos y otros. Pero esto es la vida, esto es fútbol, y esto es la Real.

Los objetivos fijados se cumplen con profesionalidad, rigor y tesón. Pero la gloria, la felicidad, los sueños imposibles se alcanzan algo más allá de la cordura. Si alguna vez tocamos las nubes, si alguna vez crecemos, es, como dice el Loco, … solamente en la osadía.

En el fútbol, también.

Aupa Real!

 

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