Quédate un ratito más

El fútbol, como la vida, respeta a veces una suerte de curiosa simetría, inexplicable salvo por el azar o el destino, muy socorridos ambos para poder opinar de todo.

El sábado pasado experimenté un déjà vu, por otro lado, previsible e inevitable. Al fin y al cabo, soy más o menos el mismo que hace tres meses, sigo viviendo en la misma casa, todavía no he jubilado mi destartalado sofá y los comentarios de Bein La liga siguen aderezados por el insufrible Santiago Segurola. Que la Real empezara la temporada en el mismo campo que terminó la anterior, que durante unos minutos el resultado fuera, otra vez, 2-2; que Oyarzabal volviera a marcar el primer gol y Juanmi el segundo ya son coincidencias más meritorias, las atribuyamos al destino o al azar.  Pero este artículo no está dedicado a las hadas, ni al universo, ni a ninguna de esas estafas. Además, el desenlace rompió en mil pedazos toda simetría, para nuestro bien. Reconozco que afronté los últimos minutos desesperanzado, debe de ser mi vocación de derrotado. Sin embargo y contra toda costumbre, la Real encontró el modo de empatar y, apoyado en un error de apreciación de Matéu, ganar un partido que perdíamos con algo de injusticia.

Durante los noventa minutos, afiancé rotundamente mi opinión sobre esta plantilla: nos falta un centro del campo que supla con solvencia a Illarra, Xabi y Zuru. Los tres son insustituibles, y los tres han empezado la liga un puntito por debajo de su forma, lo cual es lógico. El tiempo dirá si Zubeldia, Pardo, Guevara, Canales o Guridi pueden sostener este equipo con garantía cuando el cansancio, las tarjetas o las lesiones de los titulares lo requieran. Yo estaría mucho más tranquilo si llegara un centrocampista de músculo, calidad y carácter. Pido demasiado ¿no? Estoy pidiendo a Marcos Llorente, ustedes también lo estaban pensando. Todavía quedan nueve días. Si no llega el fichaje, apelaremos al “Virgencita, que me quede como estoy”, que no sería mala noticia.

Porque si en el centro nos falta una pieza, atrás también hay alguna duda. El lateral izquierdo todavía nos va a hacer sufrir, ojalá el chaval demuestre por qué han apostado por él, tiene bastante por pulir pero en la segunda parte demostró que arriba, a poco que suelte los nervios, puede aportar mucho.

Defensivamente es otro cantar. Que el aprendizaje nos pille ganando, como podría decir Sabina perfectamente.

Si al final seguimos contando con Íñigo, el centro de la defensa está asegurado. Llorente y Navas deben disputarse un puesto y Aritz parece estar de vuelta. Para mí fue el mejor de los centrales el sábado. El lateral derecho es un valor seguro, lesiones mediante. Odriozola es un fenómeno por terminar de explotar, un Charly recuperado o Aritz pueden rendir perfectamente.

Pero lo verdaderamente impresionante de esta Real es el número de alternativas que tiene para los tres puestos de arriba. Si Xabi Prieto no hubiera pedido el cambio, los tres relevos de Balaidos habrían sido Vela, Agirretxe y Juanmi por Canales, William José y Oyarzabal. Todavía faltaban Januzaj y Bautista. Nada que añadir ¿no? Como fuéramos capaces de doblar el once con esta calidad en todo el campo estaríamos en disposición de competir por todo. Pero claro, en este fútbol de jeques, repartos televisivos grotescos y figuritas de porcelana, es ya un pequeño milagro que estemos como estamos. Y así, estaremos, al menos, hasta enero.

Ay… enero.

Voy a compartir con ustedes un tuit que leí después del partido en Vigo:

“Vela gordo, con chanclas y un cubata en la mano tiene más peligro y gol que otros finos. Otros 3 puntos que nos da este gran y barato fichaje”.

@BUTTANO dixit.

Carlos Vela es un futbolista extraordinario.

En todos los sentidos de la palabra.

Hemos disfrutado de su juego durante seis temporadas, lo que para nosotros ha sido un lujazo. Todos sabemos que Vela ha regalado sus mejores años a la Real, porque tanto el club como el jugador son un tanto especiales. Algo tendrá Donosti y nuestra Real para que el mejicano se haya quedado con nosotros tanto tiempo. Aun así, lo lógico es que hubiera terminado jugando en un club más poderoso (que no más grande). Su propia marcha a la MLS, en la que por supuesto va a cobrar una barbaridad, define al jugador y a la persona.

En mi discreta opinión, para bien.

Hay quien se rasga las vestiduras porque un profesional de 28 años prefiera competir en una liga deportivamente menor a seguir en la cumbre europea del fútbol. Yo entiendo y aplaudo sus motivos: demasiados años lejos de su familia. Hay que entender que este chaval salió de su casa con 16 años. Mi hijo mayor acaba de cumplir 15 y no alcanzo a imaginarlo cruzando el charco para jugar al fútbol en la otra punta del mundo. Carlos Vela acaba de ser padre, y seguramente ya se habrá dado cuenta de lo corto que pasan los primeros meses de los niños. Quiere estar, por fin, cerca de su familia, que como todas, se va haciendo mayor.

Y se nos va.

Y lo vamos a echar de menos terriblemente. He sido el primero en criticarlo en los momentos que su juego o su estado físico no justificaban su caché ni su sueldo. Pero todos sabemos que probablemente sea el mejor jugador extranjero que ha vestido nunca esta camiseta. El sábado, un pelín pasado de peso, casi con ese cubata y esas chanclas que escribía @BUTTANO, fue determinante en la remontada de Balaídos. Cuando cedió el penalti a Willian José, no pude evitar pensar que le regalaba un gol a su compañero para que empezara a acumular números.

Será una separación en diferido, lo que todavía va a resultar más difícil para todos. Es como si uno se divorciara de la persona que, en el fondo, todavía quiere. Pero en lugar de marcharse se queda cuatro meses más en casa. Me voy pero me quedo. Me quedo pero me voy.

Carlos Vela se marcha, y promete dejarnos un dulce sabor de boca. De momento, tenemos tres puntos que, quizá, no tendríamos sin él.

Hasta siempre @11carlosV.

Quédate un ratito más.

Aupa #RealSociedad!
David Sáez Ruiz

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