PEQUEÑOS GRANDES AFICIONADOS

Hace dos jornadas, en el partido entre la Real y el Osasuna en Anoeta, pudimos ver una bonita escena que quedó plasmada en la foto que preside este artículo.

En dicha instantánea, varios niños y niñas, pequeños aficionados, ataviados con la indumentaria txuriurdin aguardan bajo un fuerte aguacero la llegada de sus ídolos para hacerse la fotografía prepartido de rigor, sin posibilidad alguna de resguardarse.

Resulta increíble que aguantaran estoicamente, sin moverse dos pasos del lugar de espera que les habían señalado, ante la agresión climática que estaban sufriendo en ese momento.

Pero es que estos valientes realzales, cuya edad se puede indicar con los dedos de las manos en la mayoría de los casos, esperaban deseosos esa foto que les inmortalizara con los jugadores de la Real Sociedad, su Real Sociedad.

Esa fotografía se convertirá en uno de sus mayores tesoros, en la envidia de sus amigos, y en motivo de orgullo para el resto de su vida. La enmarcarán y la colgarán en su habitación, o le otorgarán un lugar privilegiado para que cualquier persona que vaya a su casa obligatoriamente repare en ella.

Y es que imagino lo que será para cualquiera de esos renacuajos ese señalado día desde que se levantan, incluso desde el día que son conocedores de que van a pisar el césped de Anoeta para posar junto a los Iñigo, Illarra, Carlos Vela o Canales. Una mezcla de nervios y felicidad absoluta que convivirán y en la que a ratos se impondrán los unos y por momentos aflorará la otra.

El despertar, antes de la hora habitual en un día de descanso escolar. Una mañana que discurrirá lenta y en la que el niño preguntará en infinidad de ocasiones ‘¿cuánto falta para el partido?’. Una comida en la que la intranquilidad apenas le dejará probar bocado. El traslado a Anoeta, en coche o en bus, y un inoportuno ‘necesito ir al baño’ (‘Quiero piiisss!!!’ en su lenguaje).

El mágico momento de enfilar un pasillo que les lleva atravesando las pistas (malditas pistas) hasta el césped, justo enfrente del banquillo donde reposarán, esperando su turno, los suplentes del día.

La interminable espera que hace que los minutos parezcan horas, hasta que suene el Txuriurdin por la megafonía y 11 superhéroes vestidos con una camiseta blanca y azul se dirijan hacia ellos.

Ese momento hace que cualquier inclemencia meteorológica sea insignificante; ‘puede llover todo lo que quiera que yo de aquí no me muevo’, pensarán estos pacientes supporters.

Mientras sus padres y madres, mirarán suplicantes al cielo, con las manos entrelazadas a modo de súplica, para que las nubes les den una tregua a sus hijos. ‘¡Que mañana tienen que ir a la ikastola!’.

Y el momento de la foto, el momento esperado. El más espabilado se intentará arrimar a Xabi Prieto, ‘es mi ídolo’, o a Rulli ‘de mayor quiero ser un gran portero como tú’, o a Oyarzabal, ‘algún día a mí también me gustaría jugar en la Real’.

Serán unos escasos minutos, todo el día esperando para dos míseros minutos, pero la recompensa es infinita. Una foto imborrable, que les unirá a la Real Sociedad para siempre.

Así también es como se preservan los vínculos con los aficionados. Niños y niñas que a pesar del incesante bombardeo mediático que quiere hacernos elegir entre Real Madrid y F. C. Barcelona, entre Messi y Cristiano Ronaldo, han elegido seguir lo que les dicta el corazón, lo que han aprendido a querer en casa, o lo que sea que les ha llevado a amar estos colores. En Gipuzkoa o más allá de nuestro territorio, prefieren sentir estos colores y vibrar con los logros de la Real que venderse a los equipos de los que es fácil declararse seguidor. Esa es la diferencia de la afición txurirudin: un sentimiento muy profundo.

Yo por desgracia nunca tuve una foto con el equipo. Probablemente porque en esa época no era algo tan habitual ni tan extendido como lo es ahora. Quizá mis padres nunca consideraron que una foto como esa podría tener tanto valor para un niño, aun cuando se hiciese mayor.

Tengo varias fotos de niño vestido con los colores blanquiazules, incluso de más adulto fotos con los jugadores en Zubieta, pero siempre me quedará la espina de no tener la foto en Atotxa con el once titular de algún partido. Además por época me hubiera tocado la generación de las Ligas, los Arconada, Zamora, Lopez Ufarte, Satrustegi,… Hubiera un sido un gran tesoro. Mi tesoro.

Esperemos que antes de cada partido en Anoeta, haga sol o diluvie, veamos un montón de niños esperando hacerse la foto con la alineación titular. Eso será señal de que el sentimiento txuriurdin sigue llameando en los pequeños y de que el futuro está asegurado.

GOAZEN ERREALA!!!

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