Orgullo y (cierto) prejuicio

“Quien esté libre de ilusión, que tire la primera piedra”. Inés Fernández Moreno. El cielo no existe.

-¿De qué equipo es tu camisa?
En ese instante, dos sentimientos opuestos me vinieron al alma. Molestia, porque en éste (y decenas de lugares del mundo) no reconocen los colores de ningún otro equipo que no sea de los dos que normalmente se quejan y lloran. Y orgullo. Por exactamente el mismo motivo.
Eran cerca de las 14.00 horas, en el Barrio de la Roma, Ciudad de México. Un joven de una edad cercana a los 20 años que vestía un peto de color verde chillante de alguna ONG (Greenpeace, Amnistía Internacional, Amigos del Perro, no lo recuerdo), se acercaba a los transeúntes del Parque Luis Cabrera para hablarles del apoyo que necesitaba la organización con la que colabora. El día, soleado y cálido para un invierno, contenía un evento de “trascendencia” en mi futuro inmediato. La vuelta de los cuartos de final de Copa. Corazón, mente y cuerpo estaban listos.
Cómo lo temía, dio un par de pasos y sonriendo dijo:
– ¿Tienes un minuto para platicarte sobre “__________”? (sigo sin identificar a la ONG)
La verdad, no lo tenía. Me dirigía a un restaurante que sabía (había hablado por teléfono para corroborarlo) tendría en sus monitores, la transmisión en directo entre Barcelona y la Real. No confiaba en verlo en línea. Mi respuesta, fue parca (alguien alrededor podría pensar que descortés). – no, no lo tengo –  y continué caminando al tiempo de mirar al frente. Diez metros adelante, escuche a mi espalda un grito dirigido que llevaba la pregunta con la que abrí el texto.
Hubo un tiempo (largo, excesivo) dónde la Real descuidó la Copa. Nosotros sí éramos una auténtica ONG, que desinteresadamente ayudaba a otros clubes a subsistir y envalentonarse. Lo que nunca reparó la Real, era que no sólo era la competición la que abandonaba, regularmente y a veces con vergüenza (aún no creo lo de Mallorca), era a nuestro corazón, a nuestras ilusiones y la dignidad que nos hacía arrastrar.
Controversias aparte, enero fue un viaje de regreso (y al futuro) de lo que queremos sentir, vivir y celebrar. Como bien leí en twitter, coincido en preferir tener que pensar en como resolveremos el once de media semana que sólo pensar en el partido del domingo. Esta competición se gana compitiendo y teniendo una pizca de suerte en el bombo, pero es imposible tenerla si nuestro nombre no está contenido entre los participantes.
Al final de esa tarde, cuando regresé a trabajar, sentí que este año en la copa mi Real – nuestra Real – no me debía nada. Que había que darle la vuelta a la página, que la liga aún tiene mucha historia y que depende de nosotros (sí, de todos) que esta ilusión se mantenga. Cabeza arriba, pantalones bien puestos, corazón caliente. Que la historia no se va a escribir sola, seamos nosotros quienes decidamos que queremos escribir en ella.

Juan Chavito

Javier Ramón

Cofundador de "El Rincón de la Real". Me gusta escribir sobre deportes, sobre todo fútbol y tenis. "La oscuridad es una oportunidad para mostrar tu brillo"

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