No paréis aquí

No paréis aquí

Podría escribir este artículo abrazado a los datos.

Los números afianzan  la intuición, consolidan las sensaciones y a veces arruinan las esperanzas. Los relativos a la Real que esta semana emergen de las redes sociales son, cuanto menos, ilusionantes. Endika Santamaría, artista tuitero del dato, nos recuerda que es el mejor indicio liguero del equipo desde la temporada del subcampeonato (2002-2003), con solo cuatro puntos menos. También que los resultados de  Eusebio en sus primeros 38 partidos son ya mejores que los de sus predecesores, incluidos Lasarte y Montanier. Que Billy Joe es el extranjero que más goles ha marcado en los primeros 10 partidos de su primera temporada. Que Asier es el mejor recuperador de la Liga. Que Carlos Vela sigue volando alto y varias verdades más. No continúo porque entonces tendría que firmar el artículo el compañero tuitero, y me parece mal. Si no lo conocéis, seguidle. Sus números son, además de informativos, originales. Siempre es de agradecer la originalidad en la estadística.

También podría escribir el artículo abrazado a mi propia numerología, más cercana a la superstición que a la ciencia. Por ejemplo, las temporadas que terminan en 8, como la 87-88 o la 97-98 quedamos siempre entre los cuatro primeros. La primera corresponde al año de los subcampeonatos de Liga y Copa, la segunda rozamos la Champions con Bernd Krauss y quedamos por delante del Madrid de la séptima. La 2007-2008 quedamos cuartos, aunque fue en segunda división y no ascendimos por el desastre de Mendizorroza. Es trampa, ya lo sé. Pero técnicamente llevo razón y con mis supersticiones hago lo que me da la gana. Las temporadas que terminan en 3 también rozamos el cielo. En 2002-2003 tuvimos la liga en nuestras manos, todavía sueño con aquel partido en Vigo. 2012-2013 fue la temporada de Montanier: cuartos. Champions. Los ochenta y los noventa no los incluyo porque no me conviene.

Este año, la liga termina en 7. Pues miren ustedes: según mis delirios, esos cursos damos la campanada. No hay que contar el año 97, porque a mí no me da la gana y porque quedamos octavos. Ni fu ni fa. Pero en el 87 ganamos el último título de Copa y… y en 2007 bajamos a segunda. ¿Es o no dar la campanada?

Vale, tienen razón. Mejor me abrazo a otra cosa.

Definitivamente, escribiré este artículo abrazado a los errores pasados y a los aciertos presentes.

La última vez que la Real hizo una gran temporada, caímos a continuación en un pecado difícil de catalogar (entre la suficiencia y la desidia). Después de terminar cuartos en la liga de los mejores Messi y Cristiano, desdeñamos el trabajo del entrenador que nos había llevado hasta allí. Además, lo había hecho con el mejor fútbol que recuerdo a la Real. Más exquisito incluso que el año del campeonato. Hablo en primera persona, aunque no tuve nada que ver con aquellas decisiones. Si somos la Real, lo somos para todo. Despachamos a Montanier con una oferta de renovación difícil de aceptar.

Y se fue.

Pensábamos que con la fantástica plantilla que había (a pesar de que se marchó Illarra), cualquiera podía dirigirla en la máxima competición europea. Y en un alarde de suficiencia, pusimos de conductor a Jagoba Arrasate. Buena persona, tal vez será algún día buen entrenador, pero vamos…

Más grave todavía: pregonamos a voz en grito que la Real había llegado a la Champions para disfrutar. Ahí entran la falsa modestia y la desidia. Confundimos la humildad con la dejadez.

¿A disfrutar? ¿A disfrutar a Old Trafford?

A disfrutar se va a un buen restaurante, al cine o a la playa. A la máxima competición de clubes del mundo se va a sufrir, a apretar los dientes y a competir como soldados.

Pues no. Nosotros fuimos a disfrutar. Y así nos fue.

El sábado jugábamos contra uno de los mejores equipos del mundo. Tal vez el más difícil de batir actualmente. ¿Exagero? Pregúntenle al Barça de Messi, al Bayern de Guardiola. A quien quieran. Veníamos de vencer al Alavés y al Leganés, jugando bien al fútbol. Pero el partido contra el Atlético fue pura poesía. Puro oficio y puro sacrificio.

En las insulsas temporadas anteriores, también fuimos capaces de batir a los grandes, incluido el Barça. La diferencia fundamental es que, Ipurúa aparte, esta temporada empezamos a ganar a los equipos que hay que batir porque somos mejores. La mejor virtud del Atlético de Madrid que derrotamos el sábado es que respeta a todos sus rivales. Aprieta los dientes desde el primer minuto hasta el último, juegue contra quién juegue. Por eso termina la liga entre los tres primeros, incluso la gana, como hizo hace dos años. Es hora de mirarse en el espejo de nuestros propios aciertos. Vendrán días malos, en los que no salgan las cosas. O tal vez esa pelota que perdió Illarra en el primer tiempo el sábado, terminará en gol en lugar de pegar en el poste. Y se torcerán los partidos. Alguno se perderá. Pero hemos de creer en este equipo y en este estilo. Ellos, los futbolistas, los primeros. Los que mandan, los segundos. A la afición no nos pueden pedir más ejercicios de fe, no hacemos otra cosa desde que nos declaramos aficionados de la Real.

Queridos jugadores, presidente, miembros de la junta directiva, realistas todos: no paréis aquí. No permitáis que el conformismo vuelva a entrar en vuestro discurso. No queremos ser felices entrando entre los siete primeros. No volváis a vendernos una calificación para la nueva Intertoto como un éxito, porque, independientemente de la clasificación presupuestaria, esta plantilla está hecha para volar más alto. El once titular de la Real tiene ocho jugadores extraordinarios, de clase mundial. Y los otros tres son Raúl Navas, Carlos Martínez y Yuri, que, con su estado de forma, podrían estar perfectamente en la primera lista.  En el banquillo esperan Canales, Pardo, Zaldua, David Concha, Juanmi, Bautista o Aritz. Y Agirretxe volverá algún día.

No me conformo. Quiero soñar con todo.

El partido de Gijón es una final. Todas las semanas hemos de jugar una.

Es el precio por estar ahí arriba.

No paréis, por favor.

Aupa Real!!

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