Murieron con las botas puestas

Me gustaría empezar advirtiendo al lector de que realmente no sé cómo definir este texto, pues bien podría ser una carta de despedida, una pataleta en caliente o un desahogo momentáneo, o quizás todo lo anterior a la vez. Y es que realmente brota de lo más profundo de mi persona un sentimiento compuesto por un mejunje de decepción, tristeza, rabia y a la vez esa especie de amargo alivio cuando algo que sabías que iba a ocurrir se confirma.

No nos vamos a engañar, la Real ha sido eliminada de la Europa League de una forma bastante humillante y a la vez merecida, con una imagen pobre, no competitiva y desprendiendo cierta pena. La sensación de no haber sido superior  ni en juego ni en tensión ante un jovencísimo y ambicioso Red Bull en el cómputo global de la eliminatoria es simplemente desoladora. Ni si quiera el amor propio y el orgullo en momentos puntuales han sido suficientes para que el equipo luchase. Una Real que hace tiempo lleva en la UVI y los únicos dos soportes vitales que tiene ahora mismo son una afición decepcionada y desarraigada del club y unos momentos aislados de lucidez por parte de ciertos jugadores en este largo y oscuro túnel sin salida visible.

El día en el que el azar colocó frente a frente al club donostiarra y al austriaco en el sorteo europeo muchos lo celebraron como si se tratase de una victoria asegurada. Craso error en una competición mucho más complicada y subestimada de lo que parece. Y ahora, que solo nos queda lamentarnos, se abre la veda de “a ver quién dice la mayor burrada para demostrar que soy más de la Real que tú”.

Pero esta es una crónica de una muerte anunciada hace tiempo, porque la Real tiene muchos problemas, y están ahí, y llevan mucho tiempo ahí. Y esto se ha avisado, no una ni dos ni tres veces. Porque tras un magnífico arranque liguero (y europeo) llegaron el Levante, el Valencia y el Betis y en dos semanas nos metieron 10 goles. Y fuimos a San Petesburgo y allí cayeron otros tres. A Eusebio le descubrieron la receta de la Coca Cola. Con uno de los porteros más prometedores del mundo a un nivel de juveniles, con un lateral izquierdo reconvertido jugando ciegamente de titular y dependiendo tu producción ofensiva en un jugador de 34 años y tu lateral derecho. Pero le metimos 6 al Vardar y un par de partidos ganados en Liga hacían vernos que ya no había problemas. El polvo debajo de la alfombra.

Mas llegó el Lleida y con un 2-3 en el último minuto dejaba a Eusebio “con el culo al aire” y dejaba a la vista el poco fondo de armario que podía tener la Real. Esto acompañado de solo una victoria en Liga (Eibar), el fracaso de la oportunidad perdida de pasar como primeros de grupo ante el Zenit, que volvió a sacar los colores al vallisoletano, la ridícula derrota ante Málaga y el empate ante el Las Palmas, obligaba al de La Seca a cambiar del discurso de “este es el camino a seguir insistiendo” a “tenemos problemas en defensa”. Tras la marcha de Vela por todo lo alto con un 3-1 al Sevilla (otro espejismo) la Real llegaba a enero teniendo que jugar solo un partido a la semana y así poder reengancharse a la lucha por puestos europeos. Pero los perdió todos y con la moral mermada por la salida de Iñigo el equipo supo tirar de orgullo para dar una estocada al Deportivo. No obstante un Red Bull Salzburgo muy trabajado le volvió a dejar en bragas en un partido en el que el equipo austriaco tuvo una plácida primera parte y pese al arreón del segundo tiempo se dejó empatar de mala manera en el 93. Pero claro, nos vendieron el discurso de “ganaremos allí” y con un 3-0 ante el Levante más desquiciado de la temporada nos daban unas esperanzas que nunca debimos tener. Nada más lejos de la realidad: en Salzburgo se vio un equipo falto de ambición e intensidad, un entrenador sin ideas y un portero que no es ni la tenue sombra de lo que se compró.

¿Y qué nos queda ahora? Una segunda mitad de temporada navegando entre la mediocridad de la media tabla y un puesto europeo demasiado cotizado como para agarrarse a él. Eso y la esperanza de que el año que viene este equipo nos vuelva a ilusionar como hace no mucho.

Es obvio que el ciclo de Eusebio en la Real ha terminado, y la verdad es que tras haberle apoyado pese al tiovivo liguero y el ridículo copero, ya no me duele decirlo. Me es indiferente. Esa sensación de decepción, tristeza, rabia y desarraigo me envuelven completamente, pues esta tenía que haber sido una de las temporadas más ilusionantes de la historia del club, y ellos mismos han opositado con todos los números para arrebatar de cuajo esa ilusión a toda una afición que volvía a soñar tras haberse resignado a convivir con la mediocridad. Lo que un día fue la piedra angular de nuestra ruta a Europa se ha convertido en una piedra que nos ha sacado de ese camino.

Él decidió morir con su idea, y él ha muerto con su idea.

Gracias por todo lo que nos has dado, Eusebio.

 

Ander Oiarbide Ruiz de Azua.

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