#MarkelTampocoTieneSegundoEquipo

Johan Cruyff, en su libro “mis futbolistas y yo” (1994) escribió, entre muchas otras verdades, que un jugador no debe intentar hacer más cosas de las que sabe hacer. Y ponía como ejemplo de esa máxima a José Mari Bakero. Es cierto que sobre el campo, el de Goizueta era un maestro de la sencillez. Un juego de espaldas muy correcto. Primer control casi siempre ganado, pase rápido al compañero, desmarque, ataque magistral de los espacios aéreos, llegada desde la media punta y gol, mucho gol. No sabía regatear. Tampoco era capaz de conducir el balón en velocidad más de quince metros, ni sabía, probablemente, hacer una rabona. Pero su rendimiento y sus números, tanto en la Real como en el Barça, fueron impecables. El tan denostado pase atrás de Bakero abría muchos espacios en aquel Dream team que encendió tantas luces para el fútbol.

Lástima que el bueno de José Mari no aplicara esa filosofía tan obvia y tan brillante a su carrera fuera de los campos (léase: no te dediques a entrenar, todavía menos a la dirección deportiva, si no sabes). Pero no escribo este artículo para hablar de Bakero, mucho menos para hablar mal. Es difícil de olvidar aquel fichaje por el Barça, junto a Txiki y López Rekarte a quince días de disputar la final de Copa contra su nuevo equipo. Traición incluida (no es que se fueran, es cómo y cuándo se fueron) los tres fueron de los nuestros, y en cierto modo siempre lo serán.

Este artículo está dedicado a Markel Bergara, un jugador que nos dice adiós después de veinte años en el club. Markel, junto con Garrido, destacó pronto en el Sanse y formó parte de todas las selecciones inferiores, una generación en la que destacaba un joven Cesc Fábregas; por cierto, según tengo entendido buen amigo de Markel. Yo recuerdo ver aquellos partidos sub 19 para ver sobre todo a los dos de la Real: Markel y Garrido. Curiosamente, no coincidieron defendiendo los colores del primer equipo, ya que Garrido emigró a la Premier el primer año de segunda y Markel regresó de diferentes cesiones precisamente esa temporada. Como he leído en algún tuit, junto a Charly y Xabi Prieto, era el último superviviente de aquel periplo por el barro que duró tres largos años.

Tuve la oportunidad de conocerlo en uno de mis viajes a Donosti, y tengo que decir que su carácter afable, incluso su voz, me parecieron incongruentes con su fútbol. De un jugador de corte, expeditivo y rocoso, de pases sencillos y muchos kilómetros sin balón, uno espera un tono serio, casi antipático. Pero todos los que os hayáis acercado alguna vez a la salida de un entrenamiento sabéis de lo que hablo.

Markel es el prototipo del tópico: gran profesional y mejor persona.

Durante muchas temporadas, fue un quiero y no puedo. Una promesa por cumplir, un diamante eternamente en bruto. Las lesiones lastraron seriamente su evolución, de tal manera que una temporada tras otra lo esperábamos, un poco desesperados, durante semanas y meses. Pero él siempre dio todo lo que pudo. Y llegó a cotas verdaderamente importantes de juego en la temporada 2012-2013, la de la Champions. Me atrevería a decir que durante aquel curso, Markel llegó a ser lo que prometía cuando compartía vestuario con Cesc y compañía. Y lo hizo acompañando a un Asier Illarramendi estelar. Esa dupla en el eje central fue, diez años después, lo más parecido a aquella otra irrepetible que formaron Xabi Alonso y Mikel Aramburu.

Antes de que me caigan tortazos desde todas las cuentas de Twitter: no estoy comparando. Solamente recuerdo que cuando Markel se encontró fuerte físicamente, rodeado por un grupo de buenos jugadores, consiguió ser pieza clave en la Real. Y añadido a todo lo anterior, Markel jugó aquella temporada a lo que sabe jugar: corte, pase corto y sencillo al compañero, coberturas a los centrales, kilómetros y respeto constante a la posición. El flaco Cruyff hubiera aplaudido, sin duda, su papel.

Después… ya saben ustedes: las lesiones no han terminado de dejarle en paz, la Real ha crecido, Zurutuza ha conseguido ser por fin, Zurutuza. Xabi Prieto ha jugado la mejor temporada de su vida a los 33 años y Asier Illarramendi es un futbolista supremo, capaz de jugar 50 partidos al año en cualquier equipo del mundo. Eusebio tampoco le ayudó mucho cuando le hizo jugar de interior en aquel partido de Eibar. Todos nos hemos quejado alguna vez por verlo en la alineación cuando considerábamos que había otros mejores. Pero eso no es culpa de Markel. Cuando las piernas le aguantaron y los técnicos le pidieron hacer lo que él sabe hacer, cumplió a la perfección. Posiblemente, la última renovación fue un error, pero eso tampoco fue culpa del jugador.

Por lo que a mí respecta, se va uno de los nuestros. Le deseo todo lo mejor y aunque parece que va a jugar en el Getafe, estoy seguro de que él tampoco tiene segundo equipo.

Mila Esker, Markel.

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