De la Real no es cualquiera

De la Real no es cualquiera

No hace falta ser de la Real para conocer a Arkonada, Xabi Alonso, Kovacevic, Zamora o López Ufarte. Pero si sabes quién es Marcus Pürk, Stéphane Collet o Mikel Loinaz (aunque a este debería recordarlo la humanidad entera)… si todavía, alguna noche, sueñas con que por fin debuta Frédéric Peiremans, Necati Ateş se eleva hasta el cielo en un córner y clava el balón en toda la escuadra de Castalia o El Alcoraz, tu enfermedad es similar a la mía. Y es incurable.

Reza una canción del cantautor aragonés Joaquín Carbonell:

Por más que te esfuerces, no entenderás esta quimera.

Es muy fácil ser de Pekín, es muy fácil ser de Estambul,

es muy fácil ser de Madrid… más de Teruel, no es cualquiera.

Seguramente, los aficionados del Albacete evocarán a Benito Floro con la devoción que un cuarentón como yo evoca a los reyes magos. Tendrán una hornacina en el salón, a modo de altar, con una grabación VHS que repita una y otra vez aquel gol de Zalazar desde el centro del campo… Todo el mundo piensa que el amor de su vida es el más puro, su ciudad la más auténtica y su equipo de fútbol el más especial. Sin duda, en el resto de facetas de la vida llevarán su razón, pero en lo relativo al fútbol (lo siento por ellos) están equivocados. No lo saben porque ellos no son de la Real. Lo digo yo, vecino de Albarracín, provincia de Teruel. Que llevo toda la vida respondiendo con argumentos vanos a la pregunta impertinente, aquella de… “¿Y tú por qué eres de la Real?”. Antes salía siempre con el tópico, casi la excusa, que cuando era niño la Real ganó dos ligas, que me gustaba Arkonada, que mi hermana mayor andaba enamorada de López Ufarte…

Hoy sé que soy de la Real porque soy.

Igual que me ha tocado ser corpulento, alopécico prematuro, guapo tardío, poeta frustrado y escritor de culto (más por desconocido que por propiamente culto). Porque a pesar de haber ejercido de psicólogo clínico, profesor de la UNED, jardinero eventual, fregasuelos más eventual todavía, recepcionista, gerente hostelero, emprendedor sin vocación, charlatán por horas o novelista local, allí donde más vivo me siento es el gol norte de un estadio cualquiera, con el número 10 de Xabi Prieto a la espalda, vaciando mi garganta en el aire al grito de “Goazen Erreala, goazen txapeldun”.

Este, mi primer artículo para El Rincón de la Real, si sus gestores me permiten la osadía, va dirigido a los futbolistas de la Real sociedad. Por empezar con humildad, más que nada. Hace poco vi en la tele una entrevista que Jordi Évole le hacía a Juan Mata, jugador del Manchester. Confesaba Juan que los futbolistas habitan una realidad paralela, al margen de la vida tal cual se nos presenta a cualquiera: cruda, infestada de incomodidades, obligaciones y sinsabores. Nuestros jugadores están bastante más cerca del aficionado que las estrellas de otros cielos más pedantes, como esos equipos que llaman grandes en Deportes Cuatro.

En mis escasos viajes a Donosti, he podido saludar a Larrañaga, Zamora, Alberto, Xabi Prieto, Zurutuza, Carlos Vela, Íñigo, Asier, Antoine… hasta me atrevo a llamarles por el nombre de pila, como si fueran mis primos pequeños. Gracias al delirio de mi buen amigo José Manuel Cortés, que un día inventó la peña Zezen Txiki de Teruel (traduzcan, es fácil y lógico ¿no?) he podido compartir un zurito con el gran Agustín Gajate, trabar una buena amistad con Pato Reizábal, hermanarme con las peñas de Andoain y Deba, vivir el congreso de Zumárraga, aquel del ascenso contra el Celta, sentir la Real y sentirme la Real, mezclado entre toda la afición, mi afición. Por eso sé que el nuestro es un equipo especial.

“El más grande de los pequeños y el más pequeño de los grandes”, como acuñó en su día mi amigo Pato.

Necesito que nuestros futbolistas, por si alguno no lo ha entendido ya, sepan que llevan un escudo diferente al resto. Ellos saben que en Donosti, y en toda Gipuzkoa los sueños se tiñen de txuri urdiñ cuando se dejan la piel en el campo, cuando el balón entra, cuando suenan dos petardos sobre el cielo de Atotxa. Lejos de Gipuzkoa, esperando siempre la hora de regresar, habitamos extraños individuos, como un servidor. Gracias a esta bendita y maldita red, hoy estamos más cerca de nuestra Real y del resto de aficionados.

Y en esas estoy.

Necesito que nuestros futbolistas sepan que, cuando se acercan a la provincia de Teruel, hoy en campos como El Madrigal o Mestalla, antes en la Romareda, el Ciutat de Valencia, Castalia o incluso la ciudad deportiva del Villareal (vaya mierda de fondo en el que nos obligaron a amontontarnos ¿eh?) y a veces también en Anoeta, hay un psicólogo retirado, profesor de la UNED, jardinero eventual, fregasuelos más eventual todavía, recepcionista, gerente hostelero, emprendedor sin vocación, charlatán por horas y novelista local, dejándose la garganta. Feliz como un niño, sufriendo como una madre que espera, de madrugada, el ruido de la puerta.

Me permito recordaros el equipo al que representáis y os pido un favor:

AMBICIÓN mutilak, ambición.

Vuestros aficionados sueñan con ganar otra vez la liga, la copa o alcanzar un título europeo.

No lo pueden evitar.

¿Estamos locos?

Claro.

Somos de la Real.

De la Real no es cualquiera.

David Sáez Ruiz (@DavidSaezRuiz

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