La permanencia de lo efímero

La permanencia de lo efímero

Sábado 8.00 am, el fin de semana recién iniciaba pero para mí pero se pudo cerrar en ese instante. No afectaba. Tenía más de 16 horas desde que para mi estado anímico había decretado feriado. De ser necesario presentarme a una jornada laboral de 16 horas lo hubiera hecho con una sonrisa (bueno, quizá no tanto pero cerca).

Tan pronto como el árbitro señalo el final del partido en Butarque, algo cambió. Una sensación – tristemente – poco común estos último años, invadió los doce músculos que controlan mi sonrisa. La Real dormía en Europa. Y no, no era la primera jornada donde hasta un equipo dirigido por Jagoba Arrasate puede ser líder (exageré un poco). Van 10 partidos disputados, 30 puntos en juego donde de alguna manera u otra estamos en los primeros vagones del tren.

 

Veo una y otra y otra vez la clasificación (despide un olor hermoso estar en las alturas). Es noviembre, queda un mundo. Sí. Pero no. Nosotros los sufridores, los que a pesar de ser ‘maltratados’ (desde la visión menos ofensiva y banal de la palabra) seguimos aquí. Aquellos que, como los contados de éste lado del globo terráqueo, tenemos unos escasos segundos de cobertura mediática o un par de renglones impresos en el diario en un fin de semana. Son 28 jornadas más que, por el momento, nos reconfortan y nos devuelven al lugar que un club como el nuestro merece.

Toda proporción guardada, la Real es un símil de nuestro hijo/hija. A pesar de comportarse mal, de suspender, de no ser el primero de la clase, de ser de esos que escogen al último en un partidillo, la queremos, la buscamos, le guardamos el tiempo para verla y apoyamos contra todo. Aguantamos al de nuestro lado hablar maravillas del suyo (“Mi hijo dormía toda la noche desde que nació, “mi hija no tiene dificultad alguna con la trigonometría”) . No importa (nos contenemos para no hacer un ridículo). A veces fea, en menos ocasiones hermosa estos años, estamos enamorados de nuestra hija/hijo. Siempre lo estaremos. Tras el gol de Xabi Prieto al Leganés (o el de Antoine al Lyon, Agirretxe de vaselina al Valencia…) hubo alguna fibra-nervio-chip que se ajustó. El aire se hizo más delgado….y desempolvamos la alegría.

El lunes amaneció menos frío, a pesar de la sensación térmica. Buscamos que llegue el sábado de nuevo, que venga Simeone y que vuelvan a “descubrir” que aquí hay talento suficiente para competir. Queremos que esta ‘sin-razón’ de alegría efímera se quede con nosotros.

Tratar de entender como un resultado de once personas tratando de domesticar un esférico (y aplicable a cualquier deporte u afición) puede cambiar el estado anímico de buen número de seres, es indagar en el corazón de la humanidad. El futbol no deja de ser eso, un deporte, un pasatiempo para la mayoría, pero tiene la capacidad de hacernos sentir diferentes, aceptados e integrados a un entorno que viendo los noticiarios es complicado por decir lo menos. Son pequeñas victorias que hacemos nuestras, porque al final de todo, el equipo lo formamos todos.

 

Realizado por: Juan Chavito (@JuanChavito)

Javier Ramón

Cofundador de "El Rincón de la Real". Me gusta escribir sobre deportes, sobre todo fútbol y tenis. "La oscuridad es una oportunidad para mostrar tu brillo"

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