La peligrosa equidistancia

Foto: MD

Según las leyes de la motivación, para mantenernos ilusionados y rendir al máximo, necesitamos que nuestros objetivos sean difíciles, bien perfilados y alcanzables. Un reto demasiado sencillo nos invita a acomodarnos. Desconectamos, perdemos la tensión necesaria para un buen desempeño y corremos el peligro, incluso, de fracasar en la tarea. Por otro lado, si nuestro objetivo es difuso y difícil de medir, los días de euforia nos contaremos la milonga de que lo hemos conseguido y las mañanas grises nos parecerá que no valemos para nada. Nunca sabremos la verdad.

Y por último: Si el reto es ambicioso, pero tan lejano o irreal que se antoja inalcanzable, nuestra motivación caerá por los suelos y terminaremos rendidos, vencidos y desesperanzados. De la vida, prefiero no hablar, que me voy a poner muy pesimista. Pero ustedes saben, como yo, que estas leyes se cumplen letra por letra.

En el fútbol, que se parece mucho a la vida, también.

Este año, los aficionados de la Real hemos soñado a borbotones. Durante un tiempo maravilloso, creímos que podíamos ganar la Copa. Era un reto perfecto, por lo seductor, lo bien perfilado y lo objetivamente realizable.

Se nos pinchó el sueño, como tantos otros, y a pesar de todo seguimos soñando. Tanto hemos soñado, que hace tiempo la clasificación para la Europa League, nos sabe a poco. La damos, casi, por descontada. Queremos alcanzar al Atlético, o al Sevilla, o a los dos, y clasificarnos para la Champions League. La última vez que nos pasó algo parecido, ustedes lo recordarán, terminamos en un séptimo puesto consumado en la última jornada de liga, en casa, tras perder contra el Villareal. Nos vimos abocados a una Intertoto que se vendió como gran logro (después del año que fuimos a la Champions a disfrutar), y que en verano se tradujo en el ridículo de Krasnodar.

Decía Luis Aragonés, que en fútbol, los títulos se ganan en las diez últimas jornadas. Y tenía razón. Los éxitos, en general, se consolidan en el último tramo de la temporada. Después de la derrota del domingo, que no voy a entrar a analizar, más allá de lo que sabemos todos y muchos habéis explicado perfectamente: el Athletic nos superó, el árbitro nos perjudicó y la suerte no terminó de acompañar. Todo lo anterior es cierto, y ya nada se puede cambiar. Pero el equipo no estuvo bien (por eso el Athletic nos superó, claro).

Andamos justitos de chispa, los rivales nos tienen muy estudiados y el camino amenaza con hacerse terriblemente largo. Las dos últimas victorias fuera de casa han sido magníficas, pero al menos en el caso de Las Palmas, un pelín engañosas. Ya no superamos al rival desde el minuto uno, las victorias llegan por una suerte de pegada de los campeones que, unos domingos aparece y otros no. Malos tiempos, toca respirar, mantenernos unidos y apretar los dientes.

También hay razones para el optimismo.

Si miramos la clasificación, nos damos cuenta de varias obviedades, que se pueden interpretar de distintas formas:

Estamos a 4 puntos de alcanzar la Champions, y a 4 puntos de perderlo todo.

En la primera vuelta, a estas alturas, teníamos tres puntos menos. Sí, repasen los marcadores y verán que tengo razón.

Los cuatro siguientes partidos, son vitales. En el mismo tramo de la primera vuelta, hicimos el mejor fútbol de la temporada y empezamos a volar.

Estamos a tiempo de todo.

Ojo, de absolutamente todo.

En el fútbol, más todavía que en la vida, la mejor manera de asegurar un bien menor es luchar hasta el final por conseguir lo máximo. Si empezamos a mirar de reojo al sexto y al séptimo puesto, solitos nos caeremos a un pozo y nos adelantarán, por detrás vienen con ganas y de momento tenemos perdido el gol average con todos los que nos rodean, excepto el Atlético (todavía).

Esta equidistancia entre la gloria y la más profunda de las decepciones debe servir de acicate para apretar los dientes, engrasar las máquinas y volver a competir como, por otro lado, compitió la Real en el Villamarín, hace tan solo unos días.

También nos puede provocar miedo, desidia o desmotivación. Entonces estaremos perdidos.

Hay que creer en este equipo, hasta el final.

Después, como siempre, llegará el verano y tendremos tiempo de volver a empezar. Es la ventaja que tiene el fútbol, sobre la vida.

Aupa Real!

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