El pensamiento contrafáctico

Hay partidos que se pierden en el último suspiro, como el del pasado domingo. O al menos esa sensación nos deja el pitido final. Bueno, el que tuviera el aplomo para seguir ante el televisor o sentado en su asiento de Anoeta cuando pitó el árbitro, lo sabrá bien. Yo, personalmente, sufrí el gol como un golpe seco, en todo el corazón.

Blasfemé.

Apagué la tele.

La volví a encender.

Volví a apagarla.

Volví a blasfemar.

Ya, después, encendí el fuego y eché el arroz en la paella, que tenía a punto desde el descanso. Comí y procuré dormirme hasta el fin de los días, aunque solamente conseguí hacerlo hasta las seis.

Perdimos. En el último minuto del descuento.

Depende de cómo se mire, claro.

Yo atravesé todo el partido en tensión, convencido de que se nos había escapado en la primera jugada. No soy brujo, no se vayan a creer. También auguré muchas veces que íbamos a ganar, porque la labor del equipo me pareció perfecta durante muchos minutos. Pero ese remate de Raúl Navas en el minuto 2…

Esta mañana estuve viendo vídeos familiares antiguos. Mi hijo mayor, que ahora tiene 14 años, era un bebé de 9 meses, sentadito en el suelo. De fondo, se escuchaba la narración de un partido de la Real.

Abril de 2003 ¿Se acuerdan?

Cuando he reconocido la fecha y el sonido, he dicho a mi hijo pequeño, que entonces me acompañaba: “Mira, en ese momento estaba jugando la Real, estuvimos a punto de ganar aquella liga”. Me he recordado a un abuelo de los tebeos contando batallitas. Estoy seguro, porque mi memoria es a veces preocupante por lo afinada, que aquel partido que se escucha de fondo corresponde al del Real Madrid en Anoeta. Si hubiéramos ganado aquella liga, hoy diríamos que la ganamos aquel día. Vaya baño le dimos al Madrid ¿eh?

Y sin embargo la perdimos en Vigo. O tal vez no.

Yo siempre he pensado que aquella liga la perdimos, precisamente en el partido contra el Villareal.

Si.

Algunos de ustedes lo recordarán.

Un partido que se ganaba por 2-0 antes del descuento. Y en dos minutos nos metieron dos goles, dos guantazos inesperados que nos dejaron helados. Pero todavía líderes, con muchos puntos por delante. Entonces, para bien de nuestra salud, no fuimos conscientes de que en aquellos dos minutos se nos había escapado un sueño imposible, que sin embargo pudo ser Real.

En fin.

Por mucho que la memoria se retuerza buscando realidades alternativas, lo único que existe es lo que sucedió. Parafraseando al gran Miguel Delibes, “Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera, y sin embargo sucedieron así”.

Cada vez que leo en Facebook una frase estimulante de Paolo Coelho, me dan ganas de darle un sopapo sonoro con la mano abierta y recomendarle la lectura de El Camino. Pero claro, me contengo y despotrico interiormente contra todos los iluminados del mundo y sus parientes cercanos. Por muchas frases bonitas, luminosas y optimistas, la realidad es rotunda e irreversible.

La del fútbol también.

La del pasado domingo, también.

Y sin embargo, no es la realidad la mayor culpable de nuestros pesares. La verdadera culpa la tiene una facultad específicamente humana: se llama pensamiento contrafáctico y se define como la capacidad de reconstruir el pasado trazando alternativas de acción distintas a las vividas y experimentando las emociones que las acompañarían. Los manuales de Psicología Social dicen al respecto que es una capacidad que sirve, en todo caso, para mitigar la rabia ante lo irreversible. Yo añado que tan solo sirve para tocar las narices. Si la evolución nos ha dotado de esa capacidad, ha sido exclusivamente para fastidiarnos. Porque la evolución es muy lista, pero también muy egoísta, y tiene muy mala leche.

Cuando pienso en aquella liga perdida, vivo de nuevo aquel descuento, y algunas secuencias del partido contra el Valencia, que todavía me siguen haciendo daño.

La derrota del domingo está inevitablemente vinculada al remate de Raúl Navas, en el minuto 2. Es ahí donde se nos escapó el partido, lo que pasa es que entonces no lo podíamos saber. O al de Bautista, en el 80. De haber ganado, el Villareal pensaría que perdió el partido en aquel larguero, mediada la segunda parte. O en la jugada en la que Rulli regaló el balón al delantero contrario.

“Haber”, en tiempo pasado o condicional + participio = lamento completamente inútil.

Acuérdense.

Si me pongo a pensar en mi vida personal, me pasa algo parecido. Siendo optimista respecto a los años que voy a vivir, calculo que la eché a perder mediado el primer tiempo, entre el minuto 22 y el 35. Pero cuando reinvento otra vida enseguida me vengo abajo y prefiero ponerme a pensar en el remate de Raúl Navas. El fútbol es mucho más reversible y amable que la realidad, a pesar de todo.

Hablemos, pues de fútbol, sin pensamiento contrafáctico ni monsergas: el partido se planteó de forma impecable. El equipo se marcó una primera parte casi perfecta, madurando a un rival cansado y deprimido, pero enormemente poderoso. Asenjo es el portero menos goleado de la competición, y juega en un equipo que marcha en sexta posición. Si les hubiéramos ganado, ahora estaría a 8 puntos de la Real.

Ay, ya estoy otra vez con tiempos verbales pretéritos y compuestos.

Nos ganaron. En el descuento. Punto.

¿Los cambios?

En directo no me parecieron malos. Xabi empezaba a llegar tarde a las ayudas y Canales ha demostrado más de una vez lo que puede aportar en los minutos finales. Juanmi andaba fundido y Bautista estuvo a punto de marcar el 1-0 unos minutos antes del final. David Concha tampoco desentonó, aunque yo siempre tendría en el campo a Mikel Oyarzabal.

Pudo salir bien, pero perdimos.

El fútbol se parece horrores a la vida, pero a diferencia de aquella, cada semana, cada temporada hay una oportunidad de empezar de nuevo. Por mi parte, no hay nada que reprochar al equipo, ni al entrenador, que, por cierto, acaba de renovar. A todas luces y a la espera de la cuesta abajo, que también llegará, buena noticia.

Espero con impaciencia el próximo partido.

Hay que seguir confiando, hay que seguir soñando.

Después, ya decoraremos el pasado como más nos interese.

Aupa Real!!

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