El factor Z

El factor Z

Hace un par de semanas hablaba del azar y sus rincones. A veces, el devenir de una temporada descansa sobre suelo quebradizo, cuatro o cinco factores relevantes que definen la trayectoria de un equipo, a menudo caprichosa e impredecible como el bote de un balón.
Si hay un futbolista en esta Real que entienda de contratiempos es David Zurutuza. El pelirrojo de Rochefort ejerce de brújula, timonel y termómetro de la Real, su estado de forma marca las constantes vitales del vestuario entero. Igual que un día el gran Darko Kovacevic resumió su peso en nuestro club con aquel “Si Darko gol, no problem”, del… ¿media punta? ¿medio centro? ¿interior derecho? ¿interior izquierdo? David Zurutuza, cabría decir “Si Zuru está, la Real vuela”.

Y David también tuvo su cita con el azar, su particular versión del efecto mariposa que posiblemente alteró la clasificación del equipo en años posteriores. Muchos recordaréis aquel partido de la temporada 2011-12, en la que el futbolista del Sporting Gregory le partió la nariz. En cuestión de cinco minutos, Zurutuza marcó dos golazos, apareciendo desde la nada, como siempre lo hace. Instantes después del segundo gol, sufrió aquel terrible cabezazo (fortuito quizás, pero salvaje) que le hizo perder tanta sangre

Imagen: lainformacion.com

Imagen: lainformacion.com

Además de la rotura, el incidente le provocó una anemia que debilitó sus defensas, lo que parece explicar la debilidad física que mostró el futbolista en los años posteriores. Desconozco la validez del diagnóstico, pero el caso es que desde aquella temporada en que iba a cumplir 26 años, David ha sufrido una lesión tras otra, y siempre le ha costado recuperarse. Dicen las crónicas que este verano está como un roble, que por fin ha empezado una pretemporada al 100%, que puede ser el mejor fichaje.

Cruzo los dedos porque así sea.

En fútbol, el éxito depende de múltiples factores. Se me antoja vital, por ejemplo, que Vela recupere el nivel; que Asier Illaramendi resuelva por fin su guerra con ese tobillo; que Oyarzabal, Aritz, Zaldua o Gazta cumplan las mejores expectativas; que Íñigo continúe siendo Íñigo, que cerremos de verdad esa defensa a la que, para mi gusto, le falta un central y le sobra un lateral derecho (a no ser que Aritz se manifieste realmente como tal)…que Imanol y Canales se recuperen, que Granero y Rubén Pardo den un paso adelante, que Wiliam José resulte un buen fichaje, que Juanmi siga confirmando que lo es, que la providencia ilumine a Eusebio en sus decisiones, qué sé yo.
Pero hoy quiero hablar del factor Z. Ese futbolista cuyo nombre Kiko Narváez no sabe pronunciar, el pelirrojo de Rochefort que, sin intención ni conciencia, volverá a decidir si el entrenador de la Real llega a los turrones, si aspiramos a Europa o solo a permanecer en Primera, si podemos soñar de nuevo con la Champions o ganar por fin un título.

¿Exagero?

Tal vez
Pero si repasamos los datos de las últimas temporadas, los bajones del equipo coinciden con las lesiones de Zurutuza. El año pasado solamente pude acompañar a la Real en un par de salidas. Entre ellas, el partido del Ciutat de Valencia, un domingo por la mañana. David Moyes agonizaba ya como entrenador de la Real, pero ganamos 0-4 en un partido soberbio del dorsal 17. Seguramente, el británico estaba ya condenado por la plantilla, la afición y su propia actitud. Pero la realidad es que Zuru se lesionó a finales de octubre y Moyes fue cesado en noviembre. No pudo reaparecer hasta finales de febrero, y hasta los últimos partidos no recuperó la forma y la titularidad.
Tal vez exagero.

Pero me atrevo a afirmar que si consigue jugar 30 partidos al 100%, la Real estará arriba. No sé a qué altura, pero luchando por los puestos nobles.
¿No me creen?
Repasen las crónicas y los resúmenes.
Especialmente uno, que guardaba celosamente en la memoria y hoy he encontrado en Youtube. En la temporada 2009-2010, la del ascenso, la última en segunda división, la Real jugó un partido clave para consolidarse como líder, precisamente contra el Levante. Fue otro partido mañanero, de esos del Plus. Durante años, los valencianos fueron un rival siempre empalagoso en Anoeta. Una y otra vez nos aguaban la fiesta. Yo sabía que mi amigo José Manuel Cortés estaba en Donosti, animando a la Real.

Después de adelantarnos con gol de Carlos Bueno en la primera parte, nos empataron en los minutos finales con un penalti más que dudoso. El partido se agotaba y el miedo a terminar otro año ahogados en aquel pozo era ya insoportable.

Un minuto para el final.

Después de tres temporadas de escuchar el fútbol en Internet y pescar directos en Streaming en pantallitas de un decímetro cuadrado, era el año del ascenso. Tenía que ser el año del ascenso.
El corazón desbocado, qué os voy a contar.

El de todos, menos el de David Zurutuza.

Si veis el resumen a partir del segundo 40, y os imagináis el estado de nervios de cualquier aficionado o jugador en un partido vital, os llamará la atención la pausa con que un chaval pelirrojo, con cara de despistado, se permite coger el balón en el centro del campo, medio tropieza y recupera la compostura con toda la calma, como si no fuera con él.

Con el rival encima, mete un pase imposible a Xabi Prieto. Y Xabi (otro día hablaré del Factor X) manda un balón celestial a la cabeza del gran Ion Ansotegi, que remata con el alma aquel 2-1. Un par de minutos después, ya en el descuento, David Zurutuza marcaba el tercer gol, sentenciaba el partido y encaminaba la recta final hacia el regreso a Primera.

Cuando el árbitro pitó el final, llamé a mi amigo José Manuel. Él estaba en Anoeta. Yo en casa. Los dos sabíamos quién había ganado el partido.

¿Has visto el pase de Zurutuza?
¡Qué crack!

Pues sí. Un jugador de los que ahora llaman top. Si fuera un coche, sería un todoterreno moderno, de los que se deslizan con suavidad sobre la autopista y emergen sobre el barro como un acorazado. Si David Beckam era un medio centro que manejaba al equipo desde la banda derecha, Zurutuza marca el paso de la Real, ya juegue pegado a la cal, por la izquierda, en el centro junto Asier, Markel, Pardo o Gazta, de interior o de media punta.

Es capaz de aparecer para culminar un centro de Zaldua en una jugada que él empezó desde la otra banda, o retener el balón cuando el equipo está rezagado, como el mejor nueve. Sus partidos suelen durar 70 minutos, porque desempeña las tareas de varias posiciones en el campo.

No importa. Es suficiente.

Firmaba ahora mismo que aguantara una hora de juego en cada una de las 38 jornadas.

David puede decidir un partido él solo, sabe nadar y guardar la ropa, según las exigencias del guión. En plena forma, podría jugar en cualquier equipo.

Repito: en cualquiera.

Pero juega en la Real, es uno de los nuestros.

Que el azar lo respete.

Crucemos los dedos.

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