El brillo de Imanol

Odio el verano futbolístico, Normalmente es un desierto de argumentos para escribir sobre fútbol. Bebemos más de sus podridos y marrulleros aledaños que del propio juego. Lo único que trae la pretemporada a los aficionados de la Real es angustia, disgustos y alguna que otra pesadilla. Además, casi nunca sucede casi nada y uno no sabe bien sobre qué escribir. Pero esta semana, los acontecimientos me lo están poniendo difícil en el sentido contrario.

Empiezo estas líneas el día en que parece claro que vamos a quedarnos sin Íñigo Martínez. Sin el defensa que marca goles desde su campo, de falta directa, de cabeza, de rebote, con la espinilla y con el corazón. Se nos escapa el corte prodigioso a ras de gol, el central que habita la frontera entre la expulsión y el milagro, el empuje, la casta, el carácter y también el fútbol. Parece definitivo que se marcha un futbolista de los llamados “franquicia”. Y se va, sobre todo, porque él así lo desea. No voy a ser yo quien le juzgue. Se marcha a ganar títulos, y mucho más dinero del que aquí gana (que ya de por sí es un sueldo indecente).

Un golpe duro para la Real.

Un golpe que superaremos, como todos. No voy a extenderme más con el tema Íñigo, ni me voy a cebar criticando el cinismo del Barcelona con el caso Neymar, que está muy poco acostumbrado a que llegue un club más adinerado (o más indecorosamente rico) y le robe a un futbolista. Más rabia siento contra Javier Tebas y la Liga de Fútbol profesional, que no se detiene siquiera a disimular su paternalismo con los clubes poderosos y la indiferencia que le provoca el resto del planeta. El escándalo que ha montado el Barcelona ante la maniobra del PSG se puede entender, al fin y al cabo han sufrido en sus carnes lo que tantas veces hacen ellos, a las pruebas me remito. Pero el respaldo mediático e institucional a la pataleta del Barcelona es repugnante. Por el contraste con la situación que estamos viviendo esta semana, más que nada.

Solo espero que la Real sepa utilizar el (mucho, muchísimo) dinero que va a ingresar este verano, que los futbolistas que permanezcan y los que lleguen den la talla, y que los aficionados volvamos a disfrutar con nuestro equipo. A Íñigo, como a Yuri, Markel, Granero o Mikel les deseo todo lo mejor, menos el día que vengan a jugar a Anoeta. Los aficionados, al final, somos los únicos #QueNoTenemosSegundoEquipo.

Punto.

No quería despistarme, pero entre unos y otros me están obligando a divagar.

Sabrán disculparme.

Porque… ¿Qué me dicen de Cristiano Ronaldo? Según él, palabras textuales:

“A la gente le molesta mi brillo, los insectos atacan a las lámparas que brillan”.

Admirado Cristiano: los insectos no atacan a las lámparas. Aunque no hay una teoría concluyente que explique el porqué de la fototaxia, parece que se sienten atraídos por la luz, y no pueden evitar dirigirse hacia ella, aunque a veces esa conducta suponga un desenlace fatal. Si en la metáfora que nos regala, usted es la lámpara, los insectos serán, más bien, los que ataviados con bufandas y banderas le esperaban a las puertas del juzgado para animarle antes de su declaración. Más bien serán aquellos que le siguen ciega e incondicionalmente, sin detenerse a dudar si esos 14 millones que usted parece habernos robado a todos, no serían también un poco suyos.

Antes de que me acribillen en Twitter: cuando el Barcelona lanzó la ridícula campaña de #TodosSomosLeoMessi ante sus problemas con Hacienda, yo escribí el siguiente tuit:


Lo que está mal, mal está. Cuando el nombre de la Real Sociedad salió relacionado con los papeles de Panamá, sentí la misma vergüenza, esta vez más propia que ajena. Tampoco habría estado mal que los mismos noticiarios que mencionaron a la Real, hubieran aclarado después que aquellos pecados ya fueron redimidos cuando el club se vio abocado a la ley concursal y tuvo que afrontar una ampliación de capital que, por cierto, pagamos en buena parte los aficionados. Y lo hicimos porque la Real es nuestra. O más bien, nosotros somos La Real. Lo dice un accionista que no puede ser abonado porque vive a cuatro horas en coche, a 120 por hora. Pero en fin, excepto los dos grandes y medio, el resto de clubes no vende ni aunque hables mal de ellos.

A lo que iba:

Parece que Cristiano admitió ante el juzgado que no entiende mucho de números, que no pasó de sexto grado. Probablemente estuvo mal asesorado y su intención no era defraudar. Hacerse el idiota (o ser, efectivamente, idiota) puede justificar, quizás, el error humano. Los jugadores como Ronaldo están tan endiosados que si un día enferman de gravedad (Ojalá le acompañe la salud por muchos años, que nadie me entienda mal) se volverán encolerizados hacia el médico preguntándole si sabe a quién está diagnosticando. A Ronaldo, como a Messi, le puedo perdonar la torpeza, pero cuando sabes que tus agentes no son trigo limpio (yo creo que el sexto grado tiene que dar para entender eso) tu responsabilidad es mandarlos a hacer puñetas antes de que Hacienda te ruborice.

Y no le perdono que me llame mosquito. Ni que llame mosquito al ministerio de Hacienda, el mismo que a mí no me perdona un euro.

Enfádate con quien tenga la culpa de que te veas así. Yo, desde luego, no la tengo.

A otra cosa.

Esta semana, distracciones aparte, quería dedicar mi artículo a Imanol Agirretxe. Ese a quien hace diecinueve meses y varios días, Keylor Navas rompió el tobillo. Tampoco me quiero ensañar con el portero, otros lo han hecho ya con cierta razón. Por lo que ha trascendido, el costarricense no ha tenido el detalle de interesarse por él en todo este tiempo. Si es cierto, mal hecho por su parte. Él sabrá por qué (no) lo hizo. Entiendo que Imanol Agirretxe no es Lionel Messi, ni Benzema, ni siquiera Antoine Griezmann. Sabemos que es difícil acaparar minutos en las noticias deportivas si habitualmente no sales, además, en el programa de Anne Igartiburu. Pero este chico lleva 13 temporadas en el primer equipo de la Real. Cuando cayó lesionado, llevaba 13 goles en liga y todavía quedaba la segunda vuelta. Probablemente habría tenido opciones de jugar la Eurocopa porque sus números eran impecables.

Y su fútbol también. Pero sucedió.

Hace más de un año escribí un artículo titulado “El efecto mariposa”

El olvido mediático que ha sufrido Imanol en todos estos meses (hablamos, casi, de dos años) refleja rotundamente el pozo de banalidad en que ha caído el mundo del fútbol. Salvo honrosas excepciones como Fiebre Maldini y (cada vez menos) El día después, el resto de espacios dedicados al fútbol apestan a papanatismo y telebasura. Es tan doloroso para el aficionado, que cada vez cuesta más defender nuestra devoción por este deporte a aquellos que no la sienten. Con cierta lógica, terminan pensando que el fútbol consiste en esta (con perdón) mierda que nos sirven cada día.

Pues no.

El fútbol, a pesar de sus apestosos alrededores, es, sobre todo, un juego maravilloso. En el que, de vez en cuando, suceden cosas como esta:

 

RESUMEN DEL PARTIDO:

 

Querido PSG, querido Neymar, querido Yuri, querido Íñigo Martínez, admirado Cristiano Ronaldo…

Me quedo con mi Real, con mi fútbol, y con mi camiseta, aunque este año sea horrible.

Me quedo con tu brillo, Imanol.

Aupa Real

 

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