Dar la cara por el escudo

Amanece lluvioso y triste en Donosti. No podía ser de otro modo. En pleno mes de mayo y tras un breve espejismo veraniego, parece que volvemos a estar en el invierno cantábrico. La ciudad despierta como lo hace en los días grandes: sin inmutarse, lo que sea que se vaya a vivir a partir de las 16:15 horas en el final de la Avenida Madrid no se palpa en las mojadas calles de la capital Gipuzkoana. El cielo gris parece que es el reflejo de la agridulce sensación que recorre hoy los corazones de los donostiarras, es esa especie de sensación de amor-odio que recorre tu interior al final de un maravilloso libro que has disfrutado durante mucho tiempo pero saber que se acaba.

Hoy Anoeta despide a dos héroes. Lo son por su trayectoria, su compromiso, pero sobre todo y oteando con perspectiva, por ver dónde estuvieron y dónde lo dejan. Es inevitable aguantar la emoción al recordar que hace ni diez años estos dos hombres que jugaron en Gerland, Old Trafford, el Camp Nou o el Bernabeu, tuvieron que vérselas con el Poli Ejido, el Sevilla Atlético o el Cartagena. Dos jugadores que han dominado la banda derecha txuri-urdin durante casi una década, siendo completamente diferentes y a su vez tapando las carencias del prójimo hasta dar la sensación de que atacábamos por la derecha con una legión pero defendíamos como espartanos las acometidas rivales.

‘Charly’, ‘El expreso de Lodosa’, ‘Tarzán’ o incluso ‘El zurdo enmascarado’. Mil motes cariñosos que se le han puesto a un jugador entrañable donde los haya, silencioso, trabajador y profesional, pero sobre todo corajudo. Muy corajudo. Antes de que los galeses pusiesen de moda patear como cosacos por la banda hasta la línea de fondo, aquí teníamos a un potro salvaje que en el minuto 90 bajaba los 105 metros de banda que tiene el verde de Anoeta. Todos recordaremos siempre ese empeño en defensa, la solidaridad de un jugador incansable, sus centros con la derecha que llegaban hasta la otra banda, pero sobre todo la precisión con su ‘pierna mala’. Metió solo dos goles con la zamarra blanquiazul porque él era más de regalarlos. Caramelos para Agirretxe, Xabi Prieto, Willian José e incluso para De la Bella. A nosotros no nos engañan: la Real metía goles de lateral a lateral antes de que lo inventasen Sergi Roberto y Jordi Alba. Llegó desde la Rivera Navarra hace 18 años, y desde infantiles hasta hoy solo ha vestido esos colores; puede que se vaya pero si eso no es ser un ‘One Club Man’ el fútbol está desvirtuado.

La Real va a ser mi vida.

Son las palabras con las que El expreso de Lodosa se despidió de la Real Sociedad.

Y Xabi. Nuestro Xabi. El último gran capitán del club. Uno de los máximos exponentes de una especie en peligro de extinción. Qué vamos a decir de uno de los mejores jugadores que ha dado nuestra cantera en toda su existencia. Podría empezar destacando sus cualidades técnicas, sus regates, sus goles… pero ahí están los videos recopliatorios para que su paso por el balompié quede grabado en la historia del deporte. Pero Xabi es mucho más que eso: Xabi Prieto es un hincha con botas de fútbol y a su vez es un poeta del balón. Es la rama a la que agarrarse cuando el equipo naufraga y a la vez el que se queda callado en la parte de atrás de la foto para que los Carlos Vela, Griezmann o Illarra se lleven las flores y las medallas. Xabi Prieto es lo máximo a lo que debería aspirar un canterano de la Real Sociedad, es casi dos décadas en el equipo por que soñaba formar parte de pequeño, ese mismo sueño que todo aficionado realista ha tenido de niño. Es el reflejo de “mejor  que en casa en ningún sitio”, es el jugador más fiel que ha tenido nuestro equipo en 108 años (y no quiero menospreciar a los jugadores de los 80 pero ellos vivieron una Real de títulos y Prieto dio sus mejores años deportivos por un equipo defenestrado y en Segunda). Pero ante todo y sobre todo, Xabi Prieto es la Real Sociedad. Es una persona humilde, de Donosti, trabajador, con una vida tranquila y a su vez con una elegancia y una clase inmensas. Es el jugador que siempre ha dado la cara por el escudo.

No me cambiaría por ninguno de los que se ha marchado.

Es el epitafio de una impecable carrera, de 14 años en el primer equipo y 530 ocasiones defendiendo un mismo escudo.

 

Es por eso que hoy los txuri-urdines miramos con orgullo, nostalgia y tristeza a la marcha de dos jugadores de época. De esos que tú contarás que viste a tus hijos y nietos mientras sacas pecho. Uno a uno aquella ‘Promoción del 2010’ ha ido cayéndose. Mikel Aranburu, Labaka, Zubikarai, Ansotegi, Mikel González, Markel, y ahora ‘Charly’ y Xabi Prieto; solo nos quedan Zurutuza, Agirretxe y el fichaje más canterano que hemos tenido jamás, De la Bella. Cuidémoslos, pero sobre todo, disfrutémoslos porque no somos conscientes de que hemos tenido la oportunidad de ver a una quinta única en la cronología blanquiazul. Compromiso, fidelidad, trabajo, humildad y amor por unos colores, son los valores que han asentado la Real moderna, valores que transmitían todos ellos y que hoy en día escasean en el podrido mundo del fútbol; los románticos de este deporte deben de envidiarnos hasta la saciedad, pues me imagino a más de uno quien hace mucho que no conoce una generación así y cuyo equipo se sostiene entre los altos salarios y unas cláusulas tan desorbitadas que retienen incluso a desgana a sus jugadores. Aquellos que dieron sus escudos por la cara. Quizás los nuestros no fuesen los más brillantes, ni los más técnicos, ni si quiera ocuparon las portadas de los grandes diarios, pero eran la extensión en el campo de nuestras bufandas, esas que ondean con orgullo en las gradas de Anoeta en tardes como la de hoy.

 

Ahora solo queda leer despacito y disfrutar el último capitulo de estos 10 años, a sabiendas de que llega una generación magnífica, de futbolistas exquisitos y de calidad infinita. El relevo ha llegado y seguramente saldremos ganando con el cambio, pero nunca olvidaremos los años que estos héroes nos han dado.

 

Disfruten porque el espectáculo está llegando a su fin.

 

Ander Oiarbide

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