“Aquella Real de Eusebio”

Imagen: La Liga

Va a sonar a obviedad, pero los entrenadores no son nadie sin un club que les dé la oportunidad, un grupo de jugadores con el suficiente talento, acierto y tesón, y un pacto con la fortuna.

El Barça de Guardiola no surgió del vacío. Fue un hijo aplicado y brillante del Barça de Frank Rijkaard, nieto del Dream Team de Johan Cruyff y sobre todo, hermano gemelo de Xavi Hernández. Si me dejara llevar por la vena poética, añadiría que también fue cómplice inexcusable de Lionel Messi, Andrés Iniesta o Samuel Eto´o. Pero me voy a contener. Dejemos la poesía para los poetas, que para eso están. La cuestión es que cualquier equipo mítico que se apellida como su entrenador, es en realidad un grupo de futbolistas que acertaron en el pase, en la cobertura y en el disparo a puerta.

Es fácil hablar de los entrenadores en pasado, porque los hechos ya están consumados, incluso los podemos repasar en video. Mi memoria de cuarentón no alcanza más allá de Alberto Ormaetxea. No puedo opinar de Irulegi, Elizondo, Iriondo, Salvador Artigas o el gran Benito Díaz. Pero a partir de Ormaetxea los he vivido a todos.
El eibarrés fue irrepetible.

Único.

Leyenda.

¿Por qué?

Porque ganó dos ligas con la Real, y una Supercopa de España (a veces se nos olvida). Batió un récord de imbatibilidad todavía vigente.

Repito: todavía vigente.

En esta época en la que algunos futbolistas podrían comprarse un aeropuerto para ellos solos, la huella de aquel equipo todavía no se ha borrado, nadie ha tenido los arrestos para permanecer 38 jornadas consecutivas sin perder. Poca gente lo sabe porque pocos periodistas ajenos a Gipuzkoa lo cuentan, pero aquella marca se gestó entre las temporadas 78-80, justo las dos anteriores a los títulos. El primer partido que perdió fue el que, en justicia, le hubiera otorgado su primera liga, contra el Sevilla de Bertoni.

Como se estila escribir ahora para apostillar tuits solemnes: #RESPECT

Luego llegó John Benjamin Toshack, el galés. Cuando escuché en las noticias que la Real había cambiado de entrenador, desde el fondo de mis doce años, me pregunté quién narices era aquel señor con cara colorada y mirada desafiante. Pues aquel caballero regordete, con su excentricidad, su mala leche y su flema británica, también merece un rinconcito en nuestro corazón. Merece que hablemos de “la Real de Toshack”, porque es el último entrenador con el que fuimos campeones. Recuperó el orgullo de un equipo abatido y consiguió que nos emocionáramos con el juego y con los resultados. Aquel 3-3-3-1, con Larrañaga entre Górriz y Gajate marcó una época y un estilo. Y nos hizo campeones de Copa. Y subcampeones de liga y Copa. Regresó una y otra vez para volver a marcharse y aunque jamás recuperó viejos laureles, el galés también tiene su Real histórica: La Real de Toshack.

Después, han pasado por el banquillo muchos entrenadores: Irureta, Lillo, Lotina, Clemente (qué cosas ¿eh?), Coleman, Gonzalo Arkonada, Amorrortu o David Moyes. Todos ellos buenos profesionales. Lo intentaron, cada uno a su estilo, y todos, a su manera, alternaron pequeños éxitos con el fracaso del olvido. De los que sucedieron a Ormaetxea, además de Toshack, solo cuatro entrenadores merecen un sitio en nuestra historia.

Es mi opinión, huelga decirlo.

La Real de Bernd Krauss:
Fútbol y espectáculo. Suya fue la Real de Gica y de Darko en punta, de, Loren y Pikabea de centrales, de Didi Kühbauer o Hakan Mild. Rozó el milagro de la Champions, cuando solo se clasificaban los dos primeros (Barça y Athletic). Tercer puesto en liga, superando en la clasificación al Madrid de Jupp Heynckes, que terminó ganando la séptima Copa de Europa.
La Real de Raynald Denoueix:
¿Qué decir de aquel equipo? ¿Fue real o es una trampa de nuestra memoria? Pudimos ganar la liga. La tuvimos en la mano. Soñamos como nunca. Lloramos como casi siempre, pero qué cerquita estuvo. Westerveld, López Rekarte, Schürrer, Jáuregui, Aranzábal, Xabi Alonso, Mikel Aranburu, Javi De Pedro, Karpin, Nihat y el gran Darko Kovacevic.

De carrerilla.

Sin respirar.

Nada que añadir.
La Real de Martín Lasarte:
Regreso a primera, después de tres años de pesadilla. Con él recuperamos el orgullo y la alegría. Hay por ahí un crack, rubio y francés, que todavía se acuerda de él cada vez que roza el cielo.
La Real de Philippe Montanier:
El juego más vistoso, el más espectacular. Repasen el vídeo de aquel 4-1 al Valladolid, el 2-5 o el 4-2 al Valencia, y lloren de nostalgia. Regreso a la Champions tres años después de volver a primera. Con el grueso de futbolistas que jugó el último año en segunda. Grande Philippe. Grande y menospreciado por el club ¿no?

Otros dos entrenadores merecen mención y recuerdo, por lo esperpéntico:
La Real de José Mari Bakero:
Futbolista al que idolatré, entrenador y director deportivo que rozó el ridículo el día que se preguntó a sí mismo en rueda de prensa:

“¿Por qué no soñar con ganar la liga con la Real?”.

Se quedó tan ancho y aquella misma temporada, con él ya cesado, terminamos en segunda.
La Real de Jagoba Arrasate:
Alarde de originalidad de un consejo venido arriba. Posiblemente llegue a ser un buen entrenador, seguramente sea mejor persona. Pero aquel equipo venía de practicar con Montanier el mejor fútbol que jamás hemos practicado. Y el regreso a la Champions League se quedó en manos de un experimento. No fue su culpa, no toda. También podía haber resultado ser un genio, y no. Para qué nos vamos a engañar. El caso es que salió fatal. Ojalá levante el vuelo y se convierta en entrenador de verdad. Ya, entonces, si acaso, que vuelva.

… ¿Recordaremos a La Real de Eusebio?

¿Resistirá tal expresión al tiempo y a los avatares del fútbol?

Después de tanto rodeo, me corresponde mojarme ¿no?

Apuesto a que sí. Queda escrito en este artículo, fechado el 10 de agosto de 2016. Después tendré tiempo de reconocer mi error. En su día estuve convencido de que Moyes iba a triunfar.

Adivino, ya ven que no soy.

Pero veo en Eusebio, en el equipo, en esta pretemporada y en algunas pinceladas de la anterior, síntomas de grandeza. Delirios, tal vez. Si alguna vez fuimos algo, fue más por locura que por prudencia, así que no me voy a reprimir:

La hornada de Zubieta llega con un descaro y una clase casi arrogante: Zubeldia, Oyarzábal, Bautista, Aritz…

La columna del equipo está en plena madurez: Íñigo, Zuru, Asier y (ojalá) Imanol. Hay portero. Porterazo. Fichaje rocambolesco como pocos, pero es un fuera de serie. La gestión del vallisoletano con Carlos Vela me parece acertada, aunque en su día le reproché que no lo enviara a la MSL en un paquetito con lazo, con merienda para el camino y una carta de recomendación. Intuyo por fin al Granero que destacó en el Madrid, todavía espero a Rubén Pardo y sigo creyendo en Xabi Prieto. Para momentos. Para detalles. Quién sabe, tal vez con Xabi me pierda la pasión. Igual es que no puedo arrancarme esta vocación de Quijote que me ha dado tantos reveses.

Para eso soy de la Real.

¿De La Real de Eusebio?

El tiempo lo dirá.
Conocimientos no le faltan. Aprendió con el mejor y en la plantilla hay talento de sobra. Me gusta el fútbol que propone y el cuidado de la pelota, pero sobre todo aplaudo el rigor competitivo que busca en el equipo, su presión adelantada en busca del zarpazo fugaz. Su experiencia como futbolista es impagable, pero es la Real quien le puede convertir en un técnico de éxito.

Johan Cruyff decía de él que siempre daba un notable en el campo, sin altibajos ni alardes. Clase y perseverancia. Virtudes esenciales para un buen proyecto en un club especial. Imagino que a estas alturas ya se habrá dado cuenta de dónde está.

En mi opinión, merece nuestro crédito, al menos hasta que se demuestre lo contrario.

Ojalá recordemos algún día con nostalgia “Aquella Real de Eusebio”.

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