Y al final explotó

La actual temporada está siendo una de las peores que se recuerda en la historia reciente de la Real, no por resultados en su totalidad, sino por las contínuas decepciones que recibe el aficionado txuri urdin partido tras partido, semana tras semana. Con una sensación de incompetitividad, desilusión y desgana que ha hecho que el sueño dure hasta que la propia afición se ha visto a convivir con la mediocridad. El partido ante el Getafe fue la gota que colmó el vaso. Como si de una saga de Michael Bay se tratase, el guión del último medio año se repitió en el estadio donostiarra, pero la afición ya está harta de ver siempre la misma película.

 

Volvamos al mes de agosto, cuando todo iba viento en popa. La Real venía de hacer una temporada histórica, practicando uno de los mejores fútboles de la Liga, con la campanada de Juanmi en el último minuto en Vigo que colocaba a la Real en Europa de forma directa justo por delante de su eterno rival. Xabi Prieto acababa de renovar por un año, la única salida que daba miedo en verano (Iñigo Martínez) se quedó en el club, se ficharon a dos auténticas perlas como Januzaj y Llorente, y pese a la salida de Yuri, el regreso de De la Bella junto al gran Europeo sub-21 que había realizado Kevin llamaban a la ilusión. Por si esto fuera poco el Director Deportivo anunció que no descartaba ganar algún título. Iba a ser nuestro año, ese paso adelante que la directiva venía vendiendo desde 2013. ¿Qué podía fallar? La Real tenía un técnico que era perfecto para la plantilla, fichajes de gran talante e incluso Agirretxe se había recuperado. De hecho, el inicio fue apabullante, con la Real co-líder con el Barça. Pero llegaron Real Madrid, Levante y Betis y a Eusebio le descubrieron la receta de la Coca Cola.

Bale levanta la pelota tras ganarle en carrera a Kevin y la mala salida de Rulli.

En la Europa League la Real se las tuvo que ver con el Rosenborg y el Vardar (las dos sorpresas de la competición puesto que habían eliminado al Ajax y al Fenerbaçe respectivamente), y los cuatro partidos  que disputó con estos dos conjuntos los solventó con gran facilidad (exceptuando el partido de Noruega que aún y todo ganó). Con el Zenit la historia fue otra, el único coco del grupo. La Real apenas compitió en Rusia, en el partido en el que Pardo y Bautista quedaron condenados, y el partido de vuelta, de gran trascendencia puesto que la Real llegaba al último partido de la fase de grupos pudiendo pasar como líder, fueron más protagonistas los hinchas rusos que el paupérrimo fútbol que mostraron los de Eusebio en el verde.

 

No obstante el primer gran chasco, ese en el que sonaron todas las alarmas se dio en la Copa. La Real, al ser equipo de Europa, tenía que enfrentarse a un Segunda B que resultó ser el Lleida. Esta competición, en los últimos años maldita para los donostiarras, ilusionaba más que nunca después de que Loren dijera que querían un título. Era la hora de que los suplentes demostraran que este año teníamos una plantilla competitiva. Nada más lejos de la realidad. Tras el 0-1 de la ida y a pesar de ir 2-0 al descanso en la vuelta, cuando llegó el primer tanto catalán Eusebio no dudó en sacar a Pardo (el mejor hasta entonces) del campo y hacer lo propio con Jon Bautista. La pésima actuación de la defensa y de un portero al que no habíamos visto jugar el año anterior terminaron de completar el enésimo ridículo copero. La Real, tal vez sí que tenía una plantilla larga en números, pero no en capacidad.

Los jugadores de la Real se lamentan ante la celebración de Bojan al meter el gol que decidía la eliminatoria

Porque al fin y al cabo una plantilla hay que saber gestionarla, y aunque reforzaron la defensa con el ya mencionado Llorente, y previeron la salida de Vela con el extremo belga, en ningún momento se plantearon que tenían cuatro delanteros centros (de los cuales dos no contaban para el entrenador y Juanmi se veía obligado a jugar en posiciones que no eran la suya), pero solo dos extremos. No había nadie que supliera a un Xabi Prieto que es el mejor jugador del equipo, pero tiene 34 años, y habían apostado fuertemente en Kevin pero suplieron a Yuri con De la Bella quien un año antes tuvo que marcharse al Olympiakos por no contar para el vallisoletano, y así se ha demostrado ya que no ha vuelto a jugar hasta que al de La Seca no le quedó otra por el nivel que estaba dando el portugués.

Creo que alguien debería explicarnos cuál es el sentido de subir a Guridi (lesionado) para que luego no tenga oportunidades, cuando podría aportar mucho más en un Sanse que está realizando una temporada bestial, o de la misma manera, por qué Loren le pidió quedarse a Pardo como sustituto de un Granero, al que muchos ahora echan de menos, si luego al lesionarse Zurutuza Eusebio preferiría adelantar a una de sus mejores piezas porque Zubeldia necesita jugar de pivote. Y aunque a su vez hay que admitir la rapidez que mostró al Dirección Deportiva trayendo a un pedazo de central como es Héctor frente a la salida de Iñigo, es increíble que tras renovar a Toño y ofrecerle total confianza, cuando de verdad ha tenido una oportunidad con la lesión de un Rulli que está dando un pésimo nivel (en gran parte por la falta de competencia), se hayan movido tan rápidamente para fichar a Moyá (que mejora a sus dos competidores) tras ver el percal en Valencia. ¿Acaso no se podía haber hecho lo propio en agosto?

Moyá y Héctor en el derby ante el Alavés.

Sin embargo, tras el esperpento de la eliminatoria de dieciseisavos y después de ver a Eusebio sentado mirando a las musarañas a falta de cinco minutos para el final de un partido en el que si la Real metía un gol se iba a la prórroga, el aficionado realista estalló. En marzo y sin objetivos, a falta de nueve partidos y asumiendo que Eusebio no continuaría, cargó contra el Director Deportivo (responsable directo de la situación). Fue así como el público de Anoeta obligó a la directiva a adelantar unos acontecimientos que ya habían previsto para junio.

Ahora en el seno txuri urdin se abre un nuevo escenario que nunca antes se había dado en la era Aperribay, con la persona en quien más confiaba en la calle y con nueve partidos para que los jugadores le demuestren al entrenador en funciones que se merecen seguir defendiendo este escudo, que pesa mucho, el año que viene.

 

Ander Oiarbide

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