Al ritmo del subcampeonato

Al ritmo del subcampeonato

A falta de pocas semanas para que comience la liga, no he podido evitar tener esa nostalgia que se siente sobre el ambiente de Anoeta en aquel sub-campeonato que logramos en Vigo. Lo recuerdo como si fuera ayer, igual que la primera vez que pisé el tempo de los templos. Ese sentimiento de afición unida que se ha ido deshaciendo año a año…

No existió ni un solo minuto durante toda la temporada (exceptuando aquellos dos goles del Villarreal en el descuento) en el que se respirase silencio. Lo recuerdo igual que el mismo día en el que Jankauskas me agarró de la mano para posar en la foto de rigor del partido que nos enfrentaba al Logroñés. Cuántas veces habré visto aquel partido que grabó mi abuela en el VHS que resplandecía en el salón. Ganamos 5-0 y fue la primera vez que pisé Anoeta. Era pequeño, pero lo recuerdo como uno de los mayores tesoros que puede guardar esa parte de nosotros que aún se siente un niño.

Esa ilusión, esa añoranza, esa simpatía que despierta “esa foto de rigor” adornando la vieja habitación, son el tipo de cosas que la Real Sociedad debe demostrar en el verde cada partido que sale a jugar.

La nostalgia durante estas fechas es algo que abunda, puesto que estamos en una época de fichajes y salidas, existen opiniones de todo tipo sobre las caras nuevas, como debe de ser. Aquel año, los refuerzos de la Real Sociedad fueron Shürrer, Boris, Kvarme y Valery Karpin, quién volvía de nuevo a la que fue su casa. Nada nos hizo más ilusión que la vuelta de Karpin, jugador al que personalmente tengo un aprecio infinito desde la primera vez que le vi jugar, de chaval, lo tomaba como una referencia en el fútbol.

Lo que quiero decir con esto, es que fichar es importante, pero si aquel año nos dirían por estas fechas, que con los desconocidos Boris, Shürrer y Kvarme íbamos a luchar por la liga más de uno se hubiera tirado de los pelos. Fichar es importante, pero hay que hacerlo con jugadores que funcionen y den un buen rendimiento al equipo. A esto añado una frase que se me quedó grabada cuando un amigo la comentó: “¿Karpin? Karpin era un mercenario del fútbol, pero quiero 11 mercenarios como él.” A la hora de reforzar el equipo, necesitamos “mercenarios de fútbol”, que tal vez no sientan el escudo pero que nos den su alma para dejársela en el campo.

He leído quejas y alagos, acuerdos y desacuerdos sobre los refuerzos y confección de plantilla, y tengo que decir que si algo hace grande a la afición txuri-urdin, son los distintos puntos de vista que podemos llegar a tener. Y por supuesto, si las cosas se hacen mal en el club, soy el primero que las critica y muestra su desconforme, ¡Éste club es de todos! Sin embargo, aún existe gente que deja la crítica y el desacuerdo a un lado, para embestir contra la ilusión de los que la tenemos, y eso no puedo tolerarlo.

No puedo tolerar que se juegue con la ilusión de una afición rota, que navega a la deriva porque desde el verde no se transmite. No se transmite porque las cosas no se han hecho como se tenían que hacer, pero para cuidar a un club, hay que cuidar al aficionado, y para ello, se le debe de pagar con una palabra; ilusión.

Y por ello siento que debo decir que no vais a poder luchar contra mi ilusión, no vais a poder aguarme la fiesta. Las cosas se han hecho mejor o peor en la confección de la plantilla, pero la ilusión es la que tenemos todos cada vez que comienza una temporada en Anoeta. Cada temporada es una oportunidad más de volver a ser grandes. De volver a ser la afición que fuimos aquella temporada, de volver a cantar esos “¡Alé, Erreala, Alé…!”, los “¡Aurrera ekipo, aurrera!” que tanto echo de menos.

Tenemos que volver a ser esa afición que no callaba durante los 90 minutos. Quiero que desde La Concha, nos escuchen celebrar los goles antes de que suenen los cohetes, quiero más kale-giras en los partidos importantes, una afición que no falle nunca llueva nieve o granice. Una afición que siga dejando su marca allá donde va… Me gustaría volver a vivir todo esto qué viví cuando tan solo era un niño…

Nueva temporada, nuevos retos, nuevas caras, corazones recuperados de infartos… ¡Que nadie te impida soñar!

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