Toda una vida…

Toda una vida no basta para ser feliz. El hombre, desde que es hombre, siempre camina en busca de la gran felicidad como si viniera envuelta en un papel de oro fácilmente identificable o como si en uno de esos días que definimos como “el mejor de nuestra vida” sonara una música especial que nos hiciera pensar “Hey! Disfruta ahora, que esto es la gran felicidad

Pero eso no pasa. La vida está compuesta de pequeños momentos de gran felicidad, de temporadas más o menos amables. De goles en el noventa que unos días serán a favor y otros lo serán en contra. De años que se hacen largos aunque tengan 365 días. De meses tan cortos como unas vacaciones en tu rinconcito. De días de trabajo que tienen treinta y nueve horas y de noches de fiesta que amanecen antes de que hayas podido brindar con “la penúltima”

La Real cumple 107 años y si pudiéramos hablar con alguien que recordara el 07 de septiembre de 1909 seguro que nos diría que se le ha pasado volando y que desearía volver a vivir otros ciento siete años más para seguir sintiéndose vivo a su lado. Se emocionaría al sentir como aquel 13 de junio de 2010; volvería una y mil veces más al Molinón, a las tardes de barro y bota en Atotxa. A vivir en color estampas que hoy vemos en blanco y negro.

107 años en los que van y vienen jugadores, directivos, aficionados… años en los que hemos levantado copas y tocado fango. 107 años con sus doce meses, sus 365 días más los días que nos vinieron regalados en los bisiestos. Toda una vida para dos colores y un firmamento de almas que hoy están de celebración en la tierra y más allá.

Son 107 años de sentimiento txuriurdin.

Nuestro Club ha sabido mantener unos valores con los que nos sentimos identificados. No importa la ideología política o religiosa, la raza, la nacionalidad. No importa el ahora ni la época de la Historia que leamos. La Real es más que fútbol. La Real camina de la mano día a día abriendo los ojos a la realidad de nuestra provincia.

Es ese “algo más” lo que nos hace grandes. Un “algo” que aunque haya tenido cambios de imagen se mantiene inalterable: nuestro escudo. Y es por él por sentimos.

Nadie me enseñó a quererte. No sé cuántas temporadas más hay que vivir para saber si hemos vivido ya la gran felicidad. Lo único de lo que estoy segura es que cada día amanece con dos colores en mi cielo: el azul y el blanco. Dos colores que representan mi forma de vida. Porque ya no sé ser sin ti.

Hoy no sabría qué ofrecerte como regalo porque el regalo eres tú.

Zorionak, Reala!

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