SIN PISTAS | Contigo como siempre, pero mejor

FOTO | Real Sociedad

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar.
Antonio Machado

Hay algo que siempre le he achacado a la vida y es no tener recuerdos de cuando vi el mar por primera vez. Es lo que tiene haber nacido en Donosti, la suerte de poder verlo todos los días. A pesar de ello, soy capaz de sorprenderme con sus cosas de mar aunque al final te acostumbras a tenerlo. Lo miras. Pero no lo ves…

Azul infinito

Este verano, he tenido la ocasión de visitar Finisterre en un día de junio espectacular. Azul infinito. Mar infinito. Y aquella manera de sentirme envuelta por por su inmensidad, hizo que se me saltaran las lágrimas y me subiera por el estómago una sensación de ahogo y emoción que no había sentido jamás. Me sentí mínima rendida aquella forma de naturaleza salvaje.

No sé ni el tiempo que pude pasarme sentada en unas rocas que están debajo del faro y, esta vez si, vi el mar. Y me dejé envolver por todas sus sensaciones. Formé parte de él. Me mimeticé con su brisa y me llevé ese momento en el alma. ¿Será eso lo que siente la gente en su primer contacto con el azul?

He tenido la suerte de acompañar a varios allegados en esa primera vez y siempre se repite el mismo brillo en los ojos, el mismo grito callado, la misma magia contenida. Azul infinito…

La vida sin pistas, la vida mejor.

Mi época de socia de la Real coincide con la vida de Anoeta. Veinticinco años yendo al fútbol. Viviendo las cosas de fútbol. Siendo grada. Todos los que lo vivieron echaban de menos un estadio sin pistas y en tu mente claro que debía ser mejor. Pero sólo podías soñar con que algún día desaparecieran.

Una obra que parecía no llegar jamás. La voz de Zurutuza pidendo a Aperribay que las quitara en día del ascenso. ¿Lo recuerdas? ¡Qué lejano y vintage suena ahora todo aquello! Desde el día que entró la primera máquina, empecé a soñarlo. Un seguimiento de la obra minuto-resultado ha hecho que estos cuatro meses hayan sido lo más parecido a comprar un piso sobre plano. Y ayer nos dieron las llaves.

No sé cómo lo vivisteis vosotros. Yo me quedé sin palabras. Todas las sensaciones que tenía preparadas para ese momento cayeron en saco roto porque superó con creces todas mis expectativas. Azul. Azul infinito. No sabía si llorar o subirme a las cerchas directamente levitando en mi gozo. Anoeta sin pistas. ¡SIN PISTAS!

Ocupé mi localidad y me transporté a aquella roca de finisterre. La forma de bramar de la grada Aitor Zabaleta fue el batir de las olas contra los acantilados. La brisa, nuestro aliento. Bajo el mismo cielo azul pero con cuatro cerchas blancas que nos miran desde arriba. Las banderas ondeaban como lo hacían las gaviotas aquel día.

Mar infinito. Azul infinito. Sentimiento infinito. Esto sólo es el comienzo de algo mágico.

Y ahí estábamos nosotros contigo como siempre…¡Pero mejor!

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