El desengaño camina sonriendo detrás del entusiasmo.

Germaine de Staël (1766-1817) Escritora e intelectual francesa.
Dicen que no hay que dar un paso atrás ni para coger impulso. Y eso que somos muy dados a hacerlo cuando al final de temporada vemos que hemos sido incapaces de cumplir nuestros objetivos. Unas veces por falta de ambición o de oportunidades. O por culpa de las lesiones, la mala suerte… Unos años, luchamos por no bajar. Otros, nos quedamos en tierra de nadie en febrero. Hay años que, aunque matemáticamente sea posible, es tan improbable que no tenemos cerca ni toalla para arrojar.
Pero da igual. Porque llega el verano y nuestra mente resetea con una capacidad envidiable y nuestro entusiasmo vuelve a mostrar su mejor sonrisa dando una patada en el culo al desengaño de la campaña anterior. Nos consuela el hecho de poder empezar de nuevo.
Esta semana toca parón y yo abro «Mi Rinconcito» en lunes para adaptarme a los nuevos tiempos.
Tenía ganas de sentarme delante de vosotros para abrirme en canal si tener, nada concreto que contaros. Simplemente, hablar por hablar. Y eso que, aunque no os lo haya contado nunca, una de las cosas que menos me gustan del fútbol es hablar de él.

Del cerdo, ¡hasta los andares!

Hubo un tiempo en que con el fútbol me pasaba como con el cerdo: que me gustaban de él hasta los andares. Yo nunca fui buena aunque una vez me dijeron que «para ser chica» no le pegaba del todo mal. Fu mi primo cuando tenía nueve años, un día que nos llenamos de barro jugando a tiros en el parque de su pueblo después de enganchar de milagro una bolea que pasó rozando el poste de jersey. Sin hacer mucha más memoria, podría decirse que aquel fue el mejor chut de mi fugaz carrera que comenzó y terminó ese mismo día. 
Ahora, ¡qué queréis que os diga! Ya no sé qué me gusta de él. Que el fútbol no es lo que era no es ningún secreto. Pero día a día muere un poco más porque cada día se aleja más del concepto de deporte. Por lo menos, en lo que respecta al fútbol de élite.

¡A la mesa de los niños!

Quizás sea un fiel reflejo de la sociedad donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Hoy empezamos a hablar de una Europa League 2 que no desvirtúe la calidad estelar de los más poderosos como si colarse en la Champions fuera algo parecido a ir al baile con zapatito de cristal. La Champions es el premio al rendimiento casi perfecto de una liga. Independientemente de cuál sea tu escudo. Si se reservan el derecho de admisión se pierde del todo el concepto de competición para convertirlo en un espectáculo con venta anticipada.