No quiero hacerme grande

Fuente: colgadosporelfutbol.com

 

Grande es nuestra Libertad. 

Llegamos a su casa y ya desde el jardín se sentía la emoción. Sus piernecillas de once años la llevaron al trote hacia el sonido del timbre. Jamás olvidaré su melena enmarañada por el sudor y sus ojos risueños invitándonos a entrar.

Si. Lo había conseguido.

Y nuestra llegada fue para ella como ese momento en que Newton pronunció lo de Eureka. Algo que cambiaría el mundo. Su descubrimiento también iba a hacerlo porque, ¿Acaso no es la invisibilidad ese don con el que todos hemos soñado?

Se ahogaba en sus propias palabras pero por fin pudo pronunciarlo:

– ‘Primas. ¡Lo tengo! La fórmula para hacernos invisibles. Sólo necesitamos agua y pegamento. ¡Venid YA!

Era un plan infalible. Nos miramos sin demasiada confianza al principio, pero había salido en ‘Scooby Doo’. T-E-N-Í-A que salir bien. No había pegamento, pero nos pasamos la tarde raspando cromos repes de Oliver y Bengi. Durante cuatro o cinco horas fuimos invisibles. Volamos hasta situaciones y momentos increíbles.

Asaltamos tiendas de chuches; nos colamos en fiestas con mucha CocaCola; copiamos en el examen de mates; nos quedamos en la calle hasta más tarde de las 00.00h…

Cuando volvimos a la realidad, nos sorprendimos delante de una mesa llena de papelillos y su madre escoba en mano sin saber si barrer o darnos con ella. ¡Qué bien nos hubiera venido la invisibilidad justo entonces!

¿En qué momento dejamos de ver gigantes en molinos?

La imagen del chiquillo portugués consolando a un aficionado de Les Bleus desolado por la derrota hace que nos salgan los colores a los que defendemos lo nuestro sin a veces demasiada empatía. Todo es limpio ante los ojos de un niño. Hasta que el mundo real choca de bruces contra ellos para alejarle de dragones y princesas.

Yo no quiero hacerme grande ni perder mi esencia.

Quiero pasear por mi cuidad y entrar en mi cafetería de siempre donde mi camarero me pregunta por los abuelos; coincidir en el barrio con niños que ya peinan cana con los que jugaba en porterías de jerseys. Que mi dependienta me elija un look adecuado a mi fisionomía mientras escuchamos algo de ABBA y tomamos unas galletas con su logo, regalo de una clienta habitual. Que mi panadera elija para mí el pan más blanco nada más verme entrar por la puerta.

Quiero tradición.

Quiero una Real con millones en valores que cuide a la gente de casa. Unos horarios que permitan a los niños vivir grada. Quiero un club grande que viva al margen de las grandiosidades de otros.

Quiero seguir reconociendo mi escudo en cada mirada. Enorgullecerme de mis diferencias porque me muevan otros sentimientos que no se representen con símbolos como €

Quizás quiera algo tan caro que no pueda comprarse con dinero. Quiero salud para mi plantilla, estilo de juego, equilibrio en todas las líneas. Confianza en la portería y eso es algo que aún no nos han dado los millones.

Algo que sí tuvimos en los ochenta cuando éramos reyes. Cuando sin mucho lo teníamos TODO.

Amigos, quiero creer en poder ser invisible y volvar hasta sitios mágicos, como aquel día que ganamos la liga. Si. Yo quiero crecer. Pero no quiero hacerme grande.

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1 respuesta

  1. julio 31, 2016

    […] el hilo argumental de mi artículo de la semana pasada no le hubiera salido mejor. Concluía que ‘No quiero hacerme grande’. ¡Y no bromeaba! Porque todas hemos jugado a ser mayor delante del espejo con los tacones de […]

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