¿Y qué si me ilusiono?

Amor de verano

No mandamos en nuestras emociones. No existe un interruptor en el que el ON active tu voluntad de despertar a la vida con ánimo. Ni un OFF que desconecte tus pensamientos mientras duermes. Por eso soñamos. Los sueños son la representación virtual de nuestra realidad. Una realidad tan real y tan virtual como el amor de verano.

Te parece real. Infinito. Eterno. Los días mueren en el alba para volverlos a empezar sin que el sueño te repare ni te pare. ¡Qué mas dan las ojeras! Es verano y tu piel bronceada por las horas de mar cuenta una historia de amor intensa. Loca. Sin rutinas ni preocupaciones. Amar por amar. Sentir por sentir. Sin razón. El verano se hizo para dar rienda suelta a todo. ¡Que ya llegará septiembre con sus rutinas!

Y siempre llega. E intentas retener su imagen en tu mente. Pero nada más pisar tu ciudad aquellos sentimientos de repente ya no encajan  en tu vida cotidiana. Casi tan poco como la máscara afro que te compraste en ese bazar y que tan bien quedaba junto al pay-pay en el bungalow estilo caribeño en el que te alojabas. Te sorprendes a ti misma sujetando entre tus manos una cara rara y horrorosa  que en Donosti da miedo. Así terminará en el mismo rincón del trastero donde el año pasado pusiste la máscara veneciana de la que jamás te acordaste. ¿Miedo? ¡Terror!

¿Por qué lo hacemos? Porque en verano somos libres. Disfrutamos de lo que nos viene porque sabemos que es breve. Dejamos de lado todo lo demás para centrarnos en disfrutar. Somos espontáneos. Decimos adiós al maquillaje, a las falsas apariencias, dejas que se te seque el pelo al viento y tus rizos cobran vida. ¡VIDA!

¿Cómo hacer que el verano sea eterno?

La Real vive su pretemporada más mágica de los últimos años. Hemos empezado un idilio con el fútbol que me hace sentir cosas dormidas. Sensaciones olvidadas. Cosquilleos de antaño de los que levantan la pasión. ¿Y si esta vez sí?

Sin conocer la derrota. Buenas sensaciones. Goles. Juanmi. El brillo de Oyarzabal. El retorno de Raúl Navas viendo puerta. Esta semana he leído que Agirretxe vuelve a correr. Poquito a poco eso si. Pero ¡vuelve!. Tendremos a Rulli bajo palos y ya tenemos nueve. William Jose viene con el reto nada ambicioso de superar las marcas de sus predecesores. Si os soy sincera no le conozco mucho. Pero es verano. ¿Y qué si me ilusiono?

Mientras leía el artículo de Galder, me he dado cuenta de que necesitamos más verano en nuestra grada. Quitarnos el sambenito de ‘afición exigente’ para convertirnos en la incondicional que disfruta sólo con verlos de corto. Así fuimos en aquella temporada de la ilusión en la que escribimos con TX la Champions.

Hoy es verano y aunque sé que septiembre vendrá y seguramente nos traiga malos momentos, a nadie le hago daño sólo con soñar. Con querer amarrar sólo un gramo de toda la magia del verano para que la temporada sea más amable. Creer que este amor es real y que puede perdurar en el tiempo si rompemos barreras. Si acortamos la distancia que nos separa. Si nos unimos en una sola voz. Sin comprar máscaras raras. Sino gestos eternos.

Y no existe un interruptor con un ON active tu voluntad de animar en Anoeta con ganas. Ni un OFF que apague las penas. No los hay. Por eso, debemos aprender a regularlo por nosotros mismos. A poner más emoción en la razón y menos sinrazón en los momentos de disfrute

Que nadie te impida soñar. Es tu amor y si te ilusionas, hazlo. Porque puede que esta vez la margarita diga SI.

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