LIBERTAD | Las cadenas del antifútbol

Fuente: mundodeportivo.com

La causa de la libertad se convierte en una burla si el precio a pagar es la destrucción de quienes deberían disfrutar la libertad.
Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

La protagonista yacía amordazada y maniatada en una jaula de rejas húmeda y fría. Desnuda. Sin agua ni comida. Privaba del principio básico del ser humano. Su libertad. No puedo llegar a empatizar tanto como para sentir su angustia. Pero si multiplico por mil lo que sentí al quedarme encerrada en el ascensor sin cobertura, quizás pueda acercarme un poco.

Hay muchas clases de esclavitud. Los prisioneros del siglo XXI no llevan cadenas pero están encadenados. No son azotados pero les pega duro el látigo de su realidad. Todos somos en cierta media esclavos de algo. O de alguien. Incluso de nosotros mismos. La libertad plena es una utopía. Mi libertad debe terminar, por imperativo moral, donde empieza la libertad del otro.

Y eso tiene que ser así, guste o no a los que imponen su dictadora, cruenta y salvaje falsa ética. Jamás entenderé cómo alguien que siente pasión por su equipo no es capaz de entender lo que siente el otro por su escudo. Los más radicales deberían ser los que demostraran mayor empatía. Pero, ¿a quién quiero engañar? El radicalismo en el fútbol poco tiene que ver con la mala decisión de un árbitro o con la humillación de cinco goles en contra.

Las cadenas del antifútbol

Las cadenas del fútbol están sujetas por algo que no tiene nada que ver con él. Un oportunismo para sacar a la luz otra clase de odio y vandalismo que humilla a los que damos la cara por el fútbol. Cuesta defender tu pasión cuando hay sangre fuera.

Anoeta fue privada de su libertad a manos del antifútbol. Con la visita del Zenit, estaba anunciada la presencia de ultras y  todo lo que pasó después fue la crónica de una violencia anunciada.

Pasé miedo en mi propia casa. Protagonista involuntaria de una escena de violencia. Prisioneros en Tierra Santa. Extraños en nuestros aledaños. Prófugos de la previa. Dentro del estadio, las cosas no fueron mejor. Llegaron sus comportamientos antideportivos y lo iluminaron todo con el fuego de sus bengalas. Despojados de los tapones de nuestros botellines, sólo pudimos responder abucheando al visitante. Perdimos. Más que tres puntos.

Aquella noche, yo estuve a punto de perder la fe. Claudicar bajo las cadenas del anti fútbol. Lágrimas de frustración y de rabia. Porque el fútbol no es así. No pude impedir que un niño de seis años viera con sus propios ojos  las miserias de esta puta sociedad. Quise protegerle guardando posiciones en la caseta que coronaba la txirristra del parque. Pero lo vio todo. Y pasamos miedo.

Poco me importa en qué acabe ahora este cruce de acusaciones entre Zenit y Real con la UEFA como mediador. Porque en esto todos somos un poco culpables y esclavos de nuestra propia libertad.

¡Tolerancia cero!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: