DE LA TRAICIÓN A LA IRA | Un Capitán nunca abandona el barco.

Muchos de ellos, por complacer a tiranos, por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno están traicionando y derramando la sangre de sus hermanos.
Emiliano Zapata (1879-1919) Revolucionario mexicano.

Nunca me han arrancado la piel a tiras, pero no creo que se sienta muy diferente a lo que sentí cuando me enteré de la noticia. No estaba preparada. Y menos para su extraño “cambio de aires“. Allá donde va hay hasta galernas. Como aquí. Vamos, que en su cambio radical no cambió ni de comunidad autónoma. Sólo de color de las rayas. ¡Joder!

La Traición

¡Qué duro! Me quedé en shock y lo viví como si no fuera conmigo. Incapaz de reaccionar. En verano, escribí con suma templanza su frustrado traspaso el Barcelona. Con entereza. Porque yo no creo en el amor eterno en el fútbol. Eso lo dejo para los cuentos de princesas y para casos raros con nombres propios como Xabi Prieto o Mikel Aramburu.

Lo nuestro tuvo hasta declaraciones públicas en las que juraba y perjuraba cual Romeo a Su Julieta que su amor era tan fuerte y eterno que no había cabida para tal traición. Pero a la hora de la verdad, con los millones en la mesa, de poco vale el amor. Tampoco le culpo. Sólo le odio.

Entiendo que el vecino, con su pasta fresca, quisiera pescar en Donostia fiel a su filosofía maltrecha. Así, como la bruja que tentaba a Blancanieves con la manzana del veneno. Y sucumbió. Sin elegancia. Por la espalda. Sin mirar a atrás.

Un Capitán no abandona el barco

No sé las veces que he suplicado para él el brazalete de Capitán. Porque a mi se me hinchaba el pecho con sus gestos sobre el césped. Con la credibilidad de la plantilla más cara de la historia en entredicho, Iñigo abandonó el barco por ir ‘a un grande’. El mismo ‘grande’ del que renegó indeterminadas ocasiones. Eso no lo hace un Capitán.

Un Capitán se queda en el barco mientras se hunde. Es el último en saltar. Intercede por los suyos defendiéndoles por encima de todo. Besa su escudo cuando se va. Porque lo fácil es hacerlo cuando vienes. Con el gesto del martes, Iñigo me dio un zasca en la boca y me demostró que dentro de él no hay un Capitán. No todos estamos preparados para serlo. ¿Habrá sido capaz de mirar a los ojos a Xabi Prieto en la despedida?

A quien tanto he querido…

Yo hubiera puesto hasta las entrañas por él. Sólo duele lo que se ama. Hoy quiero dirigirme a quien tanto he querido para decirle que yo jamás le insultaré. Que no me hago a la idea de no aplaudirle nunca más. Con ese gesto se me ha roto el amor. ¡Qué decepción! Todo lo suyo está guardado en una caja con cerrojo para que la ira que siento no me haga deshacerme de ella. Porque para mi siempre fue especial.

También os digo que quizás el terremoto que ha provocado su marcha se nos haya ido un poco de las manos en las redes sociales. Debemos ser sensatos. Y estar con los que están mientras estén. La Real está por encima de todo. Por encima de los futbolistas. Por encima de sus aficionados. La Real es lo que amamos. Lo que nos mueve. Todo lo demás es circunstancial. Iñigo ya es Historia y ha formado parte de ella. Eso no podremos borrarlo nunca.

No le deseo nada malo. Pero ojalá un día quiera y no pueda salir del Bilbao.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: