LA CULPA | Me dueles.

Ser o no ser. He aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?
Hamlet. William Shakespeare.

¡Qué extraño es amanecer después de una nueva derrota! Aunque llegué al minuto noventa con mejor cuerpo que si lo hubiera mandado todo a la mierda en el cuarenta y cinco. La Real me confunde. Y me duele. Juega tan bonito a fases que no entiendo cómo el fútbol es tan cruel con este equipo. Bueno. No vamos a engañarnos. El fútbol poco puede dar cuando interceden por él con decisiones incomprensibles.

¡Culpable! …¿o no?

La opinión pública se cebó con Rulli tras los errores que marcaron el destino de los últimos encuentros. Rulli no pasa por su mejor momento pero el equipo tampoco y El Estadio de la Cerámica no era lugar para el cambio. Poner en jaque la credibilidad de la portería era lo que menos falta le hacía al equipo. Ahora no es uno, sino dos los porteros que afrontarán la semana con tensión y culpa.

No nos damos cuenta de que detrás del futbolista está la persona. Y los millones no bastan para que tu mente funcione diferente al del resto de los mortales. Cuando los problemas nos bloquean, sólo está en nosotros voltear la situación. No creáis que mi semana ha sido muy diferente a la de Rulli, pero al salir de mi oficina, no veía mi cara en las portadas de la prensa deportiva ni se debatía sobre mi futuro en la barra del bar.

Hoy, además, las redes sociales nos dan voz y hacen que lo que pensamos delante del televisor sea difundido, compartido y ensalzado por miles de personas al otro lado. Y sentencian más que un juez. Y más duro. El fútbol ya no se juega en una previa, un carrusel, noventa minutos y el día después. Ahora todo es diferente. El fútbol tiene el mismo número de entrenadores que antes, pero ahora hacen más ruido.

Ausencia de autocrítica

Yo siempre he pensado que los que dirigen al equipo de tu alma lo hacen con la pretensión de hacerlo bien. No concibo que se haga de otra manera ni entiendo que no sea esa la única forma en la que desempeñar su trabajo. Pero cuando las cosas no funcionan, espero autocrítica. Reacción. No soy de las que buscan repartir la culpa cada vez que hay un problema. Mi máxima es centrarme en la búsqueda de las soluciones inmediatas.

La única manera de solucionar un problema es identificarlo. Pero, ¿Dónde está el problema? ¿Qué nos pasa? ¿Qué ha pasado, una vez más, con la temporada más ilusionante de los últimos años?

Esta temporada era lo que soñábamos. Y ahora iremos a Salzburgo con la presión de tener que centrar los esfuerzos en mejorar los resultados de la liga. Hubo carreras deportivas que apostaron por las alegrías que podría darnos esta temporada. ¿Cómo les convenceremos en verano de que quedarse en La Real es la mejor apuesta?

Se nos acaban argumentos. El tiempo apremia. No llega la reacción. Ni la autocritica. Y sólo la culpa con su dedo acusador viaja de cabeza en cabeza señalando a unos y a otros sin ton ni son.

Me dueles, Real Sociedad.

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