LA COPA 2017 | En agua de borrajas

No puede haber una profunda desilusión donde no hay profundo amor
Martin Luther King, Jr

A pesar de que tardaré mucho tiempo en darle la vuelta, no me siento ni la más ofencida ni la más decepcionada. En cada uno de los ojos que hoy me leen hay una ilusión tan rota como la mía. Micro historias que sumadas conforman la viva imagen de la peor humillación de nuestra historia. El ridículo más bochornoso. Y eso que hemos vivido episodios especialmente dramáticos. Pero lo del miércoles superó las realadas más sonadas.

De tanto oír de boca de los futbolistas la palabra ‘título’ yo empecé a creer. Era inevitable que creciera la ilusión con la plantilla más cara y convencida de sus posibilidades que jamás he visto. Además, contábamos con el favor del 0-1 de la ida. Nadie, ni el más pesimista de las redes sociales, pensaba que un segunda B remontaría un 2-0 y pasará de ronda. Pero lo hizo. Y se fue otra más.

Ilusiones Rotas

En la antigüedad, se creía que una mujer podía quedarse embarazada con sólo pisar una planta de borrajas o  beber su infusión. Por ello, cuando la maternidad no llegaba, se sentía una gran frustración. De ahí nació la expesión ‘quedar en agua de borrajas’ que encima, decimos mal porque realmente la planta que daba un agua insulsa y sin propiedades era la cerraja.

Así se puso fin a nuestra participación en Copa.No hay calificativos que definan lo que pasó el miércoles. Creo que tampoco los futbolistas son capaces y estoy segura de que siguen sin explicárselo una vez visualizados los vídeos del partido. El daño ya está hecho y con unas semanas en las que vamos a tener más noches (de fútbol) que la luna, no hay tiempo para lamentarse.

Jodidamente maravillosa

Quizás no me entendáis y es posible que os enfadéis conmigo pero en el fondo es maravilloso que en el fútbol pasen cosas como la del miércoles. Y no. No estoy bajo los efectos de ninguna planta extraña pero como defensora del fútbol de barrio, la Copa tiene un punto sádico que me pone. Indagaré para descubrir si tengo algo de masoquista pero realmente ese es el fútbol que me gusta. Jode cuando te la dan. Pero me gusta.

Ese fútbol donde el pequeño también tenga opciones de ganar.
Un fútbol donde juegue el fútbol.
Noches dramáticamente mágicas.

¿Os imagináis ser del Lleida? Intentad poneros en la piel de esos futbolistas. Llegar al vestuario después de eliminar a un histórico del fútbol español que juega la Europa League. Señores, La Copa es jodidamente maravillosa. Y aún lo sería más si se disputara a partido único y si el bombo nos juntara a grandes y pequeños a la vez desde el minuto cero. Una competición sin tratos de favor donde poder disputar de igual a igual.

Pero bueno, esa Copa sólo existe en la mente de los más ilusos pero noches como la del miércoles le dan sentido al torneo del caos.

Debo aclarar, por si alguno de la Real me lee, que no deben confundir ni eximir su culpa con mis palabras. Me gusta que el pequeño gane al grande siempre y cuando el grande no sea mi equipo. Así que no se me ha pasado aún el enfado. Es más el jueves me tapé los oídos cada una de las cuatro veces que pasé en topo por la estación para no oír la palabra ‘Anoeta’. Era como fustigarme a cada paso pero, ¿Sabéis? En cuanto saltasteis al césped del Wanda volvió el cosquilleo. Sois mi debilidad.

Aunque nuestras ilusiones queden siempre en agua de borrajas. O cerrajas

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