IÑIGO MARTÍNEZ | Alma Mater

27 de noviembre 2011 - Iñigo marca desde 50 metros el gol de la victoria en el minuto 91

Todos tus sueños se pueden hacer realidad si tienes el coraje de perseguirlos. Walt Disney.

Todo equipo tiene un Alma Mater que actúe como motor. Que aporte estabilidad, equilibrio y confianza. Que temple los nervios cuando las cosas vayan mal y que sea el primero en apuntarse a las celebraciones en la victoria. Carácter, nobleza y pundonor. Sencillez y naturalidad.

Yo lo vi todo en él cuando aún no había debutado con el primer equipo y ya fue convocado con la selección sub-20. Era 2011 y ya en las categorías inferiores me transmitió algo que llevaba tiempo que no sentía por un futbolista. No. No es amor. Ni una obsesión… Es ese ‘algo’ que te aporta al que eriges como tu favorito. En su día lo fue Karpin. Desde aquel momento, eso era para mi Íñigo Martínez.

Si pienso en su debut con el primer equipo recuerdo aquella sonrisa sin mácula, tierna, sin mucha experiencia ante las cámaras pero con tanto fútbol en sus botas que me daba vértigo. Verlo jugar junto a Illarra era gloria divina. Marcó su primer gol desde su propio campo en Anoeta contra el Athletic y semanas después lo repitó en Sevilla para salvar de la quema a Montanier, ese entrenador que confió en él para situarlo en primera línea.

Nunca olvidaré la piña que hizo con todos sus compañeros con la camiseta amarilla en la mano. Una piña de equipo porque estaban siendo unas semanas complicadas para el banquillo. Fue un golazo en el 91’ que deshacía el empate a dos. Aún no llevaba el 6 en la camiseta. Su dorsal era el 26. Tampoco tenía tatuajes y su piel lucía blanca y joven.

Creo que fue justo en ese momento cuando me conquistó sin remedio.

Yo que nunca había lucido dorsal en una camiseta, me compré la suya con su nombre. En aquel momento, muchos me dijeron que pusiera otro porque Iñigo lo tenía todo para marcharse de la Real. Pero no podía. Él era mi apuesta. Y mi corazón acertó.

Han pasado cinco años y muchos partidos desde entonces y todo lo que veía en él se ha multiplicado por mucho. Hoy es madurez, experiencia y coraje. Es fuerza, contundencia y Alma Mater de la defensa. Es orgullo, valentía, casta.

En verano, nos elijó callando la boca de los que situaban su futuro lejos de Zubieta. Íñigo decidió que la Real está por encima de todo y no es menos que nadie. Apostó por un futuro REAL. Por un proyecto. Me emocionó mucho su renovación y me dio el argumento que necesitaba para volver a ilusionarme. Hace una semanas, su debut con la Roja ha sido el premio a todos estos años de esfuerzo y buen hacer y no consigo entender que desde el Club no se premie su figura con el brazalete de capitán, aunque sea segundo o tercero.

Tenemos reciente su último gol de cabeza en San Mamés y tengo grabados todos y cada uno de sus gestos de rabia en por la derrota y la pasión con la que celebra cada triunfo. El futbolista no imagina todo lo que puede significar para su afición. Es una magia tan especial que si intentaran entenderla resultaría hasta abrumadora.

Hoy estoy muy emocionada por abrir Mi Rinconcito a quien sin saberlo tanto me ha dado. Abro mi corazón para devolver el abrazo que sin quererlo me da cada vez que su dorsal pisa el verde.

Hoy tu dorsal es mío… ¡Gracias por tanto, Iñigo!

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