FRUSTRACIÓN | ¿Dónde estabas entonces?

Donde estabas entonces, cuando tanto te necesité. Nadie es mejor que nadie,
pero tú creíste vencer. Si lloré ante tu puerta, de nada sirvió. Barras de bar, vertederos de amor.
Os enseñé mi trocito peor. Retales de mi vida, fotos a contra luz.
Me
 siento hoy como un halcón herido por las flechas de la incertidumbre.
Insurrección. El Último de la Fila. (Enemigos de lo ajeno. 1986)

Vi a aficionados de siempre entrar al campo con las expectativas muy bajas. Una tarde en la que realmente el resultado nos daba igual porque tampoco nos iba a servir de mucho. La única ambición era ver un poco de fútbol. Aunque sólo fuera un poco…

Cinco goles y un lamento: ¿Dónde estabas entonces?

La sensación con la que se debe salir del estadio cuando tu equipo golea a pocas jornadas del final al equipo revelación del campeonato, debe ser de euforia. Subidón. Adrenalina. Entusiasmo. Pero en cuando se trata de La Real 2017-2018 todo es diferente. Un trampantojo. Una cantidad infinita de talento que durante meses se ha disfrazado de otra cosa que poco tiene que ver con un equipo ganador.

Frustración. Eso fue lo que sentí. Fueron cinco goles. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que Anoeta viera un resultado así? Celebramos los goles a ritmo de jazz. Lento. Con los ojos puestos en la decepcionante campaña en la que nos las prometíamos muy felices pero que nos dejó hasta sin la joya de nuestra corona: El récord de imbatibilidad que llevaba nuestro nombre desde 1979.

Con Imanol en el Banquillo, Pardo dejó la grada, Januzaj fue titular y Oyarzabal el hombre gol. Talento de reserva que engrasó la máquina de hacer fútbol y goles. Que dio voz a nuestras gargantas secas. Una verdadera lástima haber encontrado a la Real de noviembre en abril sin opción a nada. Cada uno de los cinco goles resonaron en mi cabeza con la música de El Último de la Fila preguntándome una y otra vez dónde han estado todo este tiempo.

Superioridad Real a destiempo

La facilidad con la que la Real se deshizo del Girona hace restar valor a la victoria con manita. No fue brillante. Fue efectivo. Un ‘pim-pam-pum’ de esos que hacen que el rival se haga pequeñito. Que dejan patente quién es superior. Saber que la Real lo es, hace que no podamos sentir otra cosa que no sea rabia.

Esta victoria lejos de ensalzar nuestro orgullo, nos deja heridos por las flechas de la incertidumbre. No sirve de nada lamentarse por lo que pudo haber sido. Pero a nadie se le escapa que hemos dejado escapar la oportunidad de hacer algo grande. Sólo queda mirar hacia adelante, aprender de los errores y afrontar la próxima campaña con la mente abierta al cambio. Hay tiempo para hacerlo bien. Y dinero. Además, La 2018-2019 nos traerá grada nueva. Sin pistas. 

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