EUROPA | Algún día…

Fuente: abc.es

Comenzamos a soñar volaron los pensamientos y al mirarte comprendí que tu sueño era mi sueño. Medina Azahara


Se sentó en el bordillo de la acera sin importar que los coches pudieran mojarle al pasar por el único charco que quedaba en toda la calle. El pantalón Adidas heredado de su hermano mayor era dos tallas más grande y el desgaste en las rodillas ya empezaba a vislumbrar piel. ¡Qué bien entraba el bocadillo de chorizo Pamplona después de dos horas de fútbol!

El partido había terminado cuando la madre del dueño del balón le llamó para cenar. Esta vez habían perdido 10-1 pero siempre les quedaba la sensación de haber necesitado unos minutos más para darle la vuelta. No se rendían. Nunca. Siempre perdían contra los de la otra torre. Pero jamás se frustraban. Cada día era como empezar un libro el blanco de ilusiones intactas. Algún día ganarían. El mayor le sacaba cinco años. Él acababa de cumplir ocho.

Cuando llegó a su cuarto, dio un beso al escudo de la Real. Era su ritual. Herencia, también, de su hermano mayor que ya no vivía en casa y al que idolatraba más que a Arconada. Dejó la mochila encima de la alfombra y se tumbó boca arriba en su cama nido. “Algún día seré uno de ellos” pensó mirando el póster de la 1988-1989.

Algún día…

Mientras veía jugar a través del cristal de sus Ray-Ban a su hijo de ocho años, pensó que la distancia del tiempo no era suficiente para alejar sus sueños. Se vio reflejado en el pequeño ‘Xabi Prieto’ que corría la banda del campo de hierba artificial. ¡Quién fuera niño de nuevo!

Cambiaron las caras. Las calles. Los coches. Pero el escudo raído de su habitación se mantenía impasible. Una pasión inalterable. Una forma de vida siempre vinculada a unos colores que no perdían intensidad con el paso de los años. Un fervor incondicional que se transmite de generación en generación. Un corazón que late gracias a dos palabras: REAL SOCIEDAD.

La recta final de esta liga pone sobre la mesa las ilusiones de varios equipos que pelean por un mismo sueño. Cambian los escudos. Las provincias. Las camisetas. Pero todos aspiramos a lo mismo: Europa. ¡Qué lucha más bonita vista desde fuera! La clasificación para la Europa League obliga a ser perfectos en esta recta final. La Real tiene como meta lograr el 9 de 9 en casa para hacer valer todo lo bueno que nos ha traído esta temporada.

En el fondo, nos encanta esta pelea. La playa de nuestra pasión siempre ha estado bañada por mares turbulentos y arenas pedregosas. Y así es como nos gusta. Porque somos norte y aquí las mareas suben y bajan. Aunque todos nos bañamos más confiados en aguas cristalinas y calmadas de arena blanca y fina.

Europa sigue siendo nuestra obsesión y lograr la clasificación nos devuelve a aquella cama nido. Porque mirando al techo todos soñamos con volver a levantar copas. A escuchar el himno de la Champions. A ganar hablando en fútbol a los que tienen el talonario por bandera. Ojalá el fútbol fuera tan sencillo como hacer que el partido acabe cuando la ama te llama para cenar. Aún nos quedan duras jornadas de sudor para alcanzar el objetivo.

Y quién sabe si algún día….

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