DESENCANTO | La verdad está ahí cerca

Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.
Jean Paul Sartre (1905-1980) Filósofo y escritor francés.

Puede que hayamos pasado tanto rato mirando a la cercha que nos hayamos olvidado de que la verdad está en el césped. Yo siempre he sido muy crítica con esto de las verdades absolutas. No creo que existan ni siquiera ahí fuera, como defendía la mítica serie de los noventa que apostaba por la existencia de vida inteligente.

Hay tantas verdades como labios que la cuenten. Cada uno tenemos la nuestra diseñada con el filtro de nuestra experiencia, percibida con las barreras de nuestra mirada y contada con las limitaciones de nuestro lenguaje.

La verdad absoluta no existe ni con VAR ni sin VAR. Tampoco son verdad las sentencias a cuchillo que salen de la barra de un BAR aunque nos las creamos más. La vida en si es una sucesión de medias verdades que admitimos como universales según nos convenga. Y cuando nuestros ojos se abren a una realidad que nos amenaza, confundimos la verdad con el desencanto.

El desencanto

Se nos rompió la magia de pisar Anoeta sin pistas en la tercera jornada. Maravillados por una grada incansable que no para de animar en noventa minutos, como deseábamos. Con el fútbol a pie de campo sin las barreras de pistas y fosos como anhelábamos. Emocionados, excitados, fascinados por el vivir el fútbol como nunca. Como antes.

Pero falló lo que más importa. Lo que suma puntos. Falló el gol, porque en el fútbol la única verdad es que gana el que marque más goles. Y que el árbitro tiene la última palabra. Y la primera. Las tiene todas.

Mientras nos entreteníamos mirando a las obras, el equipo de los elegidos se gestaba en los despachos y en Zubieta. Los planes no siempre salen bien. Y de eso saben mucho los que compraron su localidad sobre plano y hoy se arrepienten de no haber elegido otra por la mala visibilidad.

La sentencia

Tras la derrota ante el Valencia, salimos desencantados de Anoeta. Cabizbajos y quizás sentenciándolo todo demasiado pronto. Si de algo estoy completamente segura y eso si que es para mi una verdad universal, es que en la Real somos de mecha corta en lo que respecta a mandar a galeras a cualquiera al mínimo fallo. El campo no nos va a dar puntos y no haber sumado más de uno de nueve no nos va a hacer perder la categoría en septiembre.

En un estadio con las incomodidades de una casa en obras, el margen de mejora es brutal. Al igual que veremos cómo evolucionan accesos, los servicios, los bares… el ritmo del equipo también debe virar el rumbo y hacernos sumar. No sé por qué no hemos ganado ni contra Barcelona, Rayo ni Valencia. Detrás de cada uno de los partidos habrá tantos motivos como realzales dispuestos a contestarme. Y todos tendrán su parte de verdad.

Llegados a este punto (y digo punto con todo el doble sentido que queráis encontrar) la única obsesión será ganar el derbi para que se esfume el desencanto y volvamos a ser catapultados hacia lo más alto de nuestra cercha. O eso o volvemos a poner las pistas.

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