DERBI VASCO | Entre Conchita Piquer y el Cali Dandee

Fuente: diariovasco.com

El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas
William George Ward

Mi abuela siempre me decía que ya no hacen canciones como las de antes. Y eso que para cuando llegó el Reggaeton su cabeza ya estaba lo suficientemente ausente como para obviar la letra. Y los bailes. Ella siempre elegante y noble, que hubiera pegado en un salón de estos que se ven en las pelis austríacas, enseguida lo hubiera bautizado como Danza del Diablo.

Hay gran abismo entre Conchita Piquer y el Cali Dandee. Incluso puede que estemos ante un concepto nuevo de líneas paralelas para la física. No lo sé. Pero siempre hay algo que une los extremos. Algo que hace que la tradición y la pulcritud se fusionen de manera mágica con el libertinaje moderno. ¡Y no estoy hablando de que venga Pitbull a hacer los coros a este dueto de tragicomedia!

Nostalgia de Derbi

Los derbis tampoco son como los de antes. Ni en color, ni en forma, ni en intereses… Esta semana hemos sabido que las peñas se han planteado no acudir a Anoeta en protesta por el cobro del medio día del club. En este sentido, Club y afición siguen esa misma regla de paralelismo que separaba la copla del Reggaeton. Condenados a no entenderse.

Todo lo que rodea al Derbi ha cambiado mucho. Ya no recuerdo cuándo fue la última vez que tuvimos kalejira previa a un Derbi. En los últimos años, los malditos horarios impuestos por Tebas han hecho que nuestro Derbi no luzca como debiera. Y es que no se concibe un Derbi sin previa. Y una previa en la que mojas el bollo en el café con leche realmente no es una previa. Es un desayuno. De toda la vida.

El Derbi siempre viene acompañado de piques. Unas veces sanos y otras, enquistados. Hoy nos movemos entre el precio de las entradas y el posible interés que desde Lezama se ha mostrado por Odriozola. Hasta eso ha cambiado. En los últimos años, el Athletic parece no encontrar la forma de meter mano en Zubieta. Y el caso más reciente lo vivimos este mismo verano con Oyarzabal.

Piques y abrazos de derbi

Somos aficiones diferentes. Athletic y Real. Rojo y Azul. Fambarrones y ñoñostiarras. ‘Ellos tienen el clero y nosotros nuestro sudor’ como rezaba Mago de Oz en su fiesta pagana. Cuanto mejor les vaya a ellos, peor lo tendrá la Real para que le caigan algunas migajas de las arcas. Tienen su televisión. Y esa forma de llamarnos ‘acomplejados’ que nos crispa los nervios. Los piques entre nuestras aficiones vienen de tan antiguo que seguro que han encontrado pinturas rupestres con lemas y cánticos de Derbi.

En algunas ciudades, las aficiones vecinas viven en otra dimensión. Como si la barrera del espacio-tiempo los mantuviera, incluso, en épocas diferentes. En Euskadi, somos vecinos de puerta con puerta. De los que miran por la mirilla antes de abrir pero que mantienen conversaciones amables dentro del ascensor.

Siempre he pensado que no hay abrazo que sepa mejor que un abrazo de gol. Ni victoria más dulce que la de ganar un Derbi. Hay algo mágico que nos une. Algo que convierte nuestro Derbi en un partido único. Para mi es un orgullo ver estampas de en las que el rojo y el azul se mezclan para dar color a las calles.

Puede que desde el exterior intenten deslucir nuestra fiesta. Mantenerlos alejados. Pero el Derbi siempre será el Derbi. Y si vemos que el pique se nos va de las manos… ¡Siempre nos quedará Pitbull para unir nuestras voces!

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