ANTOINE GRIEZMANN | Indiferencia natural

Fuente: la vanguardia.com

Hoy levantas estadios, Mañana levantarás al mundo.
Martín Lasarte sobre Antoine Griezmann.

Son complicadas las rupturas cuando hay amor y mucho más aún cuando las dos partes no están en el mismo punto. Él quiso ver mundo, triunfar en otros estadios. Defender otros escudos a cambio de dinero. A ella no le compensaron los millones que dejó con la gran pérdida que supuso su marcha. Dolor. Recelo. AMOR.

No sé si duele más que te dejen por tu mejor amigo o que lo hagan para estar con tu archienemigo. Supongo que lo peor será lo que te hagan a ti, que en el fondo es lo que a ti te duele. El caso es que él eligió el rojo menos amable de la liga para hacer carrera.

Él ya había coqueteado públicamente con el Atlético antes de marcharse y no fueron pocas las muestras de interés que llegaban de Madrid y otros lugares de Francia. El 10 de octubre de 2011 ella le escribió una preciosa carta llena de verdad para darle un toque de atención y que midiera sus palabras ante los medios.

Recuerdo perfectamente el día que se marchó. Nunca me han arrancado el corazón pero no creo que la sensación sea muy diferente. En el fondo, siempre supe que no se le pueden poner diques al mar y que él es dueño de su carrera. Pero duele.

El niño menudo rechazado por su constitución pequeña fue puesto en la palestra del fútbol nacional por su mentor. Alguien que siempre creyó en él y que vio más allá de lo que se veía en Zubieta: Martín Lasarte. El dotó al pequeño Antoine de las alas necesarias para poder volar. Él visualizó al chiquillo levantando al mundo con su arte.

Hoy él es una figura del fútbol internacional premiado y elogiado hasta la saciedad; candidato al Balón de Oro 2016 que se entregará el 9 de enero de 2017. Una bestia que bate sus récords semana tras semana. Un pequeño portento que crece por encima de todos cada vez que hace su fútbol.

Dicen que el tiempo todo lo cura y después de una primera etapa dura con pitos e insultos cada vez que él volvía a casa, todo ese odio fue transformándose en resignación para tornarse en orgullo. Hoy su presencia en Anoeta es tratada con una indiferencia natural que tenía que llegar. Cesan los debates de ‘¿le pitamos o no?’ y Antoine Griezmann es recibido como un rival más.

En el fútbol como en el amor, siempre quedan cenizas donde hubo fuego. Hoy puedo decir con orgullo y alguna lágrima de emoción y anhelo que yo vi nacer una estrella. Que soy de La Real y que Antoine Griezmann jugó en mi equipo. Que Antu es Zubieta. ¿No se os llena la boca a vosotros también?

Con el paso del tiempo, nuestra relación de amor y pasión se ha convertido admiración mutua. Cada uno por su lado pero capaces de celebrar los triunfos del otro. Sintiendo como siempre pero de otra manera.

¡Levanta el mundo, Antoine!

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