2018 | La vida bajo las cerchas

“Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido” Joaquín Sabina ·1999

Recuerdo perfectamente el día que nos dieron las llaves. Cuando cruzamos la puerta, la emoción llegó a nuestros ojos como un torrente incontrolado que lucha por llegar fiero al mar. Sus escasos noventa metros habían sido minuciosamente recorridos en nuestra mente durante el tiempo que duró la espera. Los dos solos. Una manta mal puesta en el salón, fibra óptica, mi portátil y un extraño espantapájaros en forma de sol que compramos en la plaza de Mutriku. Sin más comodidades. Sin más artificios. Solos.

También recuerdo el día que vi la primera excavadora en Anoeta. El día que compramos sobre plano la localidad de un nuevo estadio sin pistas. La demolición del fondo norte. La primera cercha. Los avances de la Grada Aitor Zabaleta. Los primeros asientos azules. El césped que ponía el toque verde. Y septiembre con sus banderines. La ilusión en sus ojos alzados al cielo para que él lo viviera también desde allí arriba.

La vida bajo las cerchas

Así comenzamos una nueva vida en común y nos pilló con los pies sucios de polvo y barro, atascos en las entradas y escasa visibilidad en algunas localidades… ¿Cómo es la vida bajo las cerchas? ¿Qué está pasando ahí abajo?

Cambiamos de casa después de veinticinco años de rutina en el viejo Anoeta. Nuestra rutina. Nuestra zona de confort. El nuevo Anoeta, más moderno y confortable, aún está falto de calor de hogar. No os voy a engañar. Somos aprendices del fútbol de grada. Muchos de los que estamos no recordamos Atotxa y esta es nuestra primera experiencia sin pistas en un estadio de primera. ¡Qué puedo contaros de la Grada Aitor Zabaleta! Cuerpo y alma. Puro sentimiento. Auténtica pasión. Escuchándoles te das cuenta de cuánto hemos ganado y cuánto nos queda por andar en este nuevo escenario.

Sin embargo, la vida bajo las cerchas no nos ha permitido contar en el revulsivo que esperábamos. Estar más cerca no ha contribuido a ganar más puntos. Es diciembre y tenemos el extraño dato de haber experimentado una sola victoria en liga y otra en Copa. Contamos los días de fútbol por jornadas entre semana que no nos traen ni ilusión, ni puntos, ni goles.

La dura realidad

Los buenos parecen peores que el año pasado. Los nuevos no terminan de demostrar su valía. Los que corren parecen hacerlo a cámara lenta. Los que marcan han dejado de tener estrella. Dicen que Garitano lleva seis meses sin dar con la tecla. Pero, ¿qué pasa cuando son los instrumentos los que no afinan para que la canción suene perfecta? ¿Qué puede hacer una orquesta que no cree en su Director? ¿Como ensamblamos cada parte para hacer de la individualidad un todo perfecto?

El partido contra el Alavés ha hecho saltar todas las alarmas y sólo el tiempo dirá si la solución está en casa o fuera de ella. La vida sigue. El fútbol sigue. Y 2018 termina con las malas sensaciones que comenzó.

Ha sido un año de cambios. De sobresaltos con partidas inesperadas. De despedidas de dos hombres de Club. Vivimos la emoción del estadio nuevo. Sólo nos queda llevar todas estas experiencias en la mochila para empezar 2019 con mejor pie.

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