La culpa fue del cha cha cha

A veces en el fútbol ocurren cosas tan extrañas como la victoria de la Real Sociedad en el Bernabéu por 0 a 2 tras haber encadenado cuatro derrotas consecutivas. Se hace difícil describirlo. ¿Milagro? ¿Excepción que confirma la regla? ¿Entrenador nuevo victoria segura? El caso es que entre la desastrosa racha que venía arrastrando la Real y la heroica victoria contra el campeón del mundo solo hubo un factor diferencial: el cambio de Asier Garitano por Imanol Alguacil. Todo hace pensar que por tanto era Garitano el responsable de que todo fuera cuesta abajo y que el conjunto guipuzcoano se estuviera codeando con los puestos de descenso. Sin embargo, los futbolistas sobre el césped seguían siendo los mismos (con excepción de Aihen).

¿Tan malo es un entrenador que ha logrado que un club como el Leganés pasara de Segunda B a Primera en tiempo récord? ¿Tan buena era aquella plantilla pepinera que supo sobreponerse al hecho de contar con un entrenador nefasto como el de Bergara? Cuando las cosas no funcionan en el fútbol siempre hay que buscar un cabeza de turco y el 99% de las ocasiones este es el entrenador. Hay quien dirá que Garitano no se supo adaptar a la plantilla; tampoco los futbolistas parecen haber hecho mucho para adaptarse al técnico. ¿No es más culpable aquel que decide traer a un técnico de perfil defensivo a quien le gusta jugar al contraataque cuando la mayoría de futbolistas son lentos y de corte creativo? ¿Se le dieron a Garitano las herramientas que pedía para poder llevar a cabo su trabajo? Todo esto sin olvidar que es el presidente quien elige al director deportivo y quien tiene la última palabra en las decisiones más importantes.

La Real Sociedad superó con autoridad al Real Madrid tras cuatro derrotas consecutivas

Cuando se busca a un responsable, cuando el equipo va mal, todos miran a otro lado y el dagnificado siempre es el mismo, el más débil: el entrenador. Y los futbolistas lo saben. Estos sube-bajas son los que hacen tan bonito el deporte, pero a la vez desprenden un sospechoso olor a chamusquina que desaparece rápidamente con las victorias. Por el bien de la hinchada txuri-urdin, ojalá desaparezca por completo. Y es que la culpa no fue de nadie, pero a la vez fue de todos.

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