El poeta, el matemático y el niño

Una vez, coincidieron en Anoeta, un matemático, un poeta y un niño.

  • Es imposible -dijo el matemático- Illarramendi es el jugador que más balones recupera, el que más kilómetros recorre y el que más pases da. Sin él no podemos ganar al Celta, que lleva cuatro victorias seguidas en lo que llevamos de año.

  • “Imposible”, amigo, -dijo el poeta- es la coartada de los débiles, los temerosos y al fin, los perdedores.

  • Va a ganar la Real –dijo el niño- Y además marcará Juanmi. Tiene que marcar Juanmi porque mi padre y yo hemos participado en el concurso #GOL3200 y hemos apostado por Juanmi. Una vez, mi padre y yo compramos un boleto en la tómbola y me tocó una Play Station 3, aunque no funcionaba porque ponía “Stasion” en lugar de “Station”, y dice mi padre que si la marca no está bien, es una estafa. Pero eso da igual. Siempre que mi padre y yo jugamos a algo juntos, ganamos.

  • Y aunque ganemos –continuó el matemático- lo cual es hartamente improbable porque Zurutuza está agotando ya el número de minutos que jamás ha jugado en una temporada y pronto se desinflará… digo, aunque ganemos, no vale la pena ilusionarse. Si miramos los presupuestos, la Real siempre se sitúa entre el séptimo y el noveno, lo cual hace prácticamente imposible aspirar a competir con los grandes.

  • La grandeza, querido amigo –apostilló el poeta- se mide antes en suspiros que en dinero. Vale más la sonrisa esperanzada de un niño que sueña, que todo el oro de los poderosos. ¿Quién puede comprar un amanecer?

  • Mi padre dice que da lo mismo lo que hagamos, porque los que mandan son el Madrid y el Barcelona, y las televisiones, que sólo hablan de ellos porque son los que más dinero les dan. Que la Federación o no sé quién, elige a los árbitros adrede para favorecer que la final la jueguen el Barcelona y el Madrid, y que no hay nada que hacer.

El poeta se adelantó al matemático, que se disponía a rebatir al niño.

  • ¿Dónde están los puntos que volaron? ¿Dónde los abrazos por los goles anulados? ¿Dónde estaría la Real si le devolvieran, tan solo lo robado?

  • Cuarta –respondió como un rayo el matemático- Cuarta, con un mínimo de 37 puntos, si contamos los dos que perdió contra el Barcelona, por culpa de aquel gol mal anulado. Y a 3 puntos del Barça, que solo tendría 40.

  • Mi padre dice –continuó el niño- que el jueves, si nos dejan, vamos a ganar en el Camp Nou y nos vamos a clasificar para semifinales. Tiene toda la razón, aunque no le he querido decir nada Sin contárselo a nadie, pedí a los Reyes que este año la Real ganara la Copa del Rey, así que eso ya está resuelto.

El matemático y el poeta cruzaron una mirada condescendiente. Ninguno se atrevía a contradecir al niño. El primero por vergüenza numérica, el segundo por miedo a hacerse mayor.

En ese mismo instante, un toque sutil de Xabi Prieto, que devolvió la pelota a Canales, interrumpió su conversación y su aliento. Cuando voló el centro de Sergio y Juanmi remató de cabeza, los tres estallaron en un grito de júbilo y se fundieron en un abrazo.

  • ¿Veis? –dijo el niño- Ha marcado Juanmi y me va a tocar la camiseta firmada. Y el jueves ganaremos al Barça porque yo se lo pedí a los Reyes.

  • Ten en cuenta –intervino el matemático, crecido por el optimismo que regalan los goles- que la última vez que la Real ganó en el Camp Nou fue en 1991. Además, de 11 veces que hemos jugado contra el Barça en Copa del Rey, solo les hemos eliminado en una, si no recuerdo mal en los años 60. También es verdad que, en esencia, el jueves se enfrentan dos equipos separados tan solo por seis puntos en liga después de dieciocho jornadas. Seis puntos que, en justicia y como dije antes, deberían ser 3.

  • Y ten en cuenta también –añadió el poeta- que el destino nos aguarda detrás de las esquinas, unas veces lleva un mazo y otras una golosina. Tan solo queda esperar y andar con el alma viva, para esquivar el mazazo o aprovechar la caricia.

En esas andaban los tres compañeros de grada, cuando el árbitro pitó el final del partido. Los tres se despidieron muy contentos, porque la Real había ganado.

El matemático salió de Anoeta calculando las probabilidades de contraer una leve gripe, de esas que no dejan trabajar pero permiten ver la tele, para el jueves por la noche. O las opciones de que ninguno de sus alumnos asistiera a la clase nocturna que tenía a esa hora, y ver así la vuelta de la Copa contra el Barça.

El poeta marchó, como siempre, fantaseando con terminar y publicar al fin, su primer poemario. Tal vez la suerte, hasta entonces esquiva y caprichosa, le acompañara esta vez. Al menos había ganado la Real.

El niño salió de Anoeta y al ver a su padre en la puerta, le abrazó.

  • Ha ganado la Real -le dijo- y el jueves, ya verás.

Se moría de ganas de contarle a papá que ese año, la Real ganaría la Copa, pero supo contenerse.

Prefería darle una sorpresa.

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