Los árboles y el bosque

No me hagan mucho, caso, me he levantado con ganas de contradecir al refranero, por tocar las narices. Algunos refranes tienen ya su antítesis oficial, como “A quien madruga, Dios le ayuda”, contestado debidamente por “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Es cuestión de elegir aquel que armonice mejor con tu personalidad. Otros muchos campan a sus anchas por la sabiduría popular, sin que nadie les tosa.

Por ejemplo, si bien suele ser cierto que “los árboles no dejan ver el bosque”, a veces sucede al revés: es el bosque el que nos impide apreciar en detalle los árboles que lo forman. Me explico:

La temporada de la Real ha arrancado a trompicones, el motor todavía suena demasiado revolucionado y el camino, como todos los caminos, se antoja incierto. Las sensaciones son ambivalentes. Un día te acuestas maravillado por el juego y los goles del equipo, enamorado de tus colores y esperanzado, incluso con el futuro personal, afectivo y social. Enajenaciones mentales transitorias, o como diría mi amigo Pato Reizábal: “cómo ríe la vida cuando gana la Real”. Otras veces, de repente, apenas empezado el día, te encuentras ante el domingo más largo del año con una derrota en Getafe a cuestas. Impensable, injustificable, paralizante. Afrontas el lunes buscando por todas partes los tres puntos perdidos. Sabes que allá por el mes de mayo, un día cualquiera, te esconderás en la Real para olvidarte del mundo y echarás de menos los puntos que volaron de nuestras manos aquel domingo de octubre, por falta de intensidad, por no estar en lo que hay que estar.

Maldices, te lavas la cara y sigues con la vida. Qué remedio. Luego llega un jueves y descubres de nuevo al equipo que te enamoró en agosto. Se vuelve a golear en Europa, no sabes si porque eres tan bueno que el contrario parece una banda o porque el contrario es tan malo que tú pareces buenísimo. Aunque también hemos tenido algún jueves raro, como el día en que Eusebio, por fin, decidió poner de inicio a Pardo, en el puesto que parecía destinado a verlo triunfar, y al segundo balón que toca, el chico regala un gol al contrario.

Luego llega Rulli, da un saltito que tú, desde el sillón, ya aventurabas ridículo nada más verle la intención, y se traga un segundo gol que da la vuelta al mundo de las redes en forma de meme. Te dan ganas de poner un documental de alienígenas en el canal Historia, pero aguantas el tirón y permaneces, porque tú jamás abandonas a tu equipo. Y pierdes por 3-1. Y los aficionados de San Petersburgo no saben si están jugando contra una banda y por eso parecen tan buenos, o viceversa.

Supongo que en Rusia también hay lunes torcidos, esperanzas absurdas y sueños tejidos con goles.

El bosque, como paisaje global, se presenta todavía misterioso. Tal vez alcancemos cumbres imponentes o terminemos despeñados por algún terraplén traicionero. Solo el Barça y este Valencia increíble han marcado más goles que la Real. Hemos marcado más que el Madrid, el Atlético o el Sevilla. No marcábamos 24 goles en las 11 primeras jornadas desde 1951, aquí parafraseo (¿o para-tuiteo?) a Pedro Martín.

Por otro lado, llevamos 21 goles en contra. Solamente el Eibar, Las Palmas y el Málaga han encajado más que nosotros. Nos han metido 10 goles más que al Valencia, al Villarreal o al Sevilla.

¡12 más que al Leganés!

Esta locura de cifras, con tres partidos por semana, nos tiene a todos alborotados. Por eso no podemos tener todavía una perspectiva clara de la temporada. Pero mientras encontramos (o no) la regularidad deseada, me gustaría detenerme en los pequeños detalles. Por si alguien no había pillado el guiño al refranero, ahora me referiré a los árboles, y hablaré solo de algunos:

Diego Llorente es un central fantástico, que un par de meses ha metido más goles de los que Finbogarson y Seferovic juntos metieron en la Real.

Aritz Elustondo ha recuperado la ilusión, el nivel que prometía y su valor dentro de esta plantilla.

Igor Zubeldia está convirtiéndose en futbolista a un ritmo vertiginoso, completamente desacorde con su cara de niño. No es Illarra, ni es Zurutuza, pero es muy bueno. Le ha tocado madurar a golpe de emergencia y ha aceptado los galones con madurez, casi con arrogancia. Contra el Valencia llegó a jugar de central (qué locura de partido) y aunque se perdió, también se pudo ganar.

Odriozola está jugando en la Selección, en su debut deslumbró a los profanos en el fútbol ajeno a Barça y Madrid. Si nos paramos a pensar en los jugadores que tiene alrededor en ese plantel, igual nos damos cuenta de que este chico es un milagro, y juega de blanquiazul.

También tenemos a Gorosabel, un chaval muy interesante, que rinde mejor cada partido que juega, cuyo único pecado ha sido aparecer a la sombra de Álvaro Odriozola.

Y a Adnan Januzaj. ¿Qué me dicen de este chico delgadito, con cara de bueno? El partido contra el Espanyol se debió ganar, el mal primer tiempo, el resultado y el arbitraje nos dejaron una sensación tan amarga que, tal vez, no reparamos lo suficiente en la jugada que se marcó el belga para darle el empate a Asier, y la que minutos después estuvo a punto de regalarnos la victoria. La calidad de este futbolista es monumental. Las señales de integración con el equipo son cada día más evidentes, todo indica que la gestión de Eusebio está siendo la adecuada. Como este chico explote, y lo haga en la Real, podemos rozar el cielo.

Y por último, Xabi Prieto. Juraría que le vi cortar un balón de tacón, o de rabona, qué sé yo, en el partido contra el Eibar. No sé si ustedes se dieron cuenta, pero les juro que no me lo invento. Xabi tiene magia hasta para robar la pelota al contrario. Me duele el alma cada vez que pienso que tal vez, esta sea su última temporada. Cada minuto de su fútbol es un regalo para la Real, un bálsamo para sus aficionados y un homenaje al fútbol.

Xabi es nuestro Le Tissier, nuestro Mágico González, nuestro Messi. Si no conocen a los dos primeros, exploren en la red, verán a qué me refiero. Algún día escribiré un artículo al respecto. Si me atrevo a comparar a este Xabi con Messi, no es porque me haya vuelto loco. Messi es el mejor futbolista de todos los tiempos. Y lo es porque juega todos los minutos de todos los partidos, sin lesionarse, ni quejarse, ni coger una gripe. Los equipos de leyenda se construyen con futbolistas así, capaces de jugar cincuenta partidos por temporada al máximo nivel. Si esta acaba siendo la última temporada de nuestro capitán, solo espero que llegue a mayo con fuerzas para tirar el penalti definitivo. Ay… qué bonito es soñar.

Hay más árboles a destacar, todos ustedes los conocen. También tenemos alguno que parece en riesgo de secarse, algún arbusto que todavía no sabemos bien si es rosal o zarza y un montón de brotes que afrontan su última etapa de crecimiento. Pero después de una ausencia tan larga, no quiero aburrirles. Ha pasado demasiado tiempo desde que escribí el último artículo para este querido Rincón de la Real. Pido disculpas y agradezco su fidelidad a los lectores que tenían la amabilidad de leerme y han esperado, en balde, mi aparición semanal. He vuelto, sobre todo, por el cariño que esos lectores me han demostrado en este tiempo de silencio. También porque espero ser partícipe, en la medida de lo posible, de aquella temporada en la que, por fin, volvimos a ser campeones.

Aúpa #RealSociedad!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: