Visto para sentencia

Derbi el día de Santo Tomás, dos días más de descanso que el rival, que venía además de jugar otro derbi. Derbi en casa y parecía el escenario perfecto para revertir una mala racha que empezaba a ser preocupante. 

Garitano sabía de la importancia del partido y por ello ponía el XI más ofensivo que tenía con Zurutuza, Januzaj, Oyarzabal, Juanmi y Willian José en el campo. Sin embargo, por muy ofensivo que sea el equipo que sacas, si no hay un trabajo bien hecho que apoye esto, es imposible. 

Así, el equipo volvía a empezar un partido con menos intensidad que el rival, una vez más. Ya en el minuto 11 se adelantaba el Alavés mediante un Calleri en un gol que dejaba claro los problemas de comunicación que existen entre portería y defensa, pese a haber solucionado los problemas con la entrada de Miguel Ángel Moyá. 

Otra vez al equipo le tocaba remontar, pese a eso, la única opción fiable parecía ser la de encontrar una cabalgada de Theo o una acción puntual de Mikel Oyarzabal o Adnan Januzaj. Unos muy flojos Illarramendi (que además ha estado muy bien tapado todo el partido) y Zurutuza, además de un desubicado Willian José y un muy fallón Juanmi, no permitían que el equipo se enchufara arriba y que, una tras otra, todas las ocasiones terminasen en nada. 

Pese a ello, el resultado no era tan negativo y el Alavés tampoco estaba creando peligro para hacer el 0-2. Seguía existiendo la esperanza de una buena segunda parte que permitiera al equipo darle la vuelta al marcador.

Pero nada más lejos de la realidad, pese a estar necesitado, el equipo está hoy muy lejos de lo que puede ser su rendimiento ofensivo, nadie conecta y todo se basa en individualidades. Encomendados a Januzaj, otra vez teníamos que ver como las ocasiones terminaban una y otra vez en nada. Apareciendo ya el fantasma de la contra vitoriana que matase el partido. Sólo un buen y atento Moyá en varias ocasiones impidió que entrase el segundo de Calleri o de Jony. 

Para el recuerdo va a quedar ya la imagen del área técnica desierta con el equipo perdiendo y rondando el minuto 80 de partido. Esa imagen y el debut de Barrenetxea pueden ser las últimas de Asier Garitano en Anoeta, que encomendaba sus esperanzas a un chaval de 16 años que aún no ha debutado con el Sanse. Muchas esperanzas puestas en él, sí, pero no tiene por qué soportar una carga tan grande ahora mismo. 

El equipo queda visto para sentencia, y el Bernabeu junto a la sombra de los puestos de descenso parece un escenario demasiado negativo para el técnico de Vergara. 

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