Siguiendo el guión esperado

Las derrotas de Betis y Alavés contra Espanyol y Sevilla permitían que, otra vez, la Real Sociedad de Imanol Alguacil tuviese otra vez una oportunidad de oro para volver a meterse de lleno en la lucha por Europa si conseguía la victoria en el derbi guipuzcoano contra el Eibar, cosa que, a priori, en las cabezas de los aficionados, se antojaba como algo imposible. 

Sin embargo, solamente diez segundos de iniciar el partido, Mikel Oyarzabal bajaba un balón largo que recogía Juanmi quien, en una gran pared con Luca Sangalli, ponía el 1-0 tan solo 11 segundos después de que el partido comenzase. Las esperanzas eran altas desde el primer momento, pero la tragedia y el olor a realada también se veía venir desde lejos. Y así fue, el equipo dios inmediatamente un paso atrás, no sabemos si por Imanol o por iniciativa propia, que llevó a que poco a poco los armeros se fuesen haciendo con el control total del partido.

Pese a ello no hubo realmente un dominio claro en toda la primera parte. Una de las peores primeras partes que recuerdo haber visto en Anoeta para terminar con un 1-0 a favor pero con la sensación enorme de que el equipo estaba dependiendo de que la defensa estuviese a nivel suficiente durante todo el partido para rechazar el bombardeo que iba a llegar de las botas de Cote y De Blasis. 

Pero la segunda parte fue a peor, un equipo que a penas llegaba, o salía de su propio campo, arrinconado cada vez más y más por un equipo que iba generando cada vez más ocasiones. El empate era cuestión de tiempo y, sólo 15 minutos después de que el encuentro se reanudara, en una misma jugada Sergi Enrich y Gonzalo Escalante mandarían el balón al mismo palo, al que hoy debemos 1 punto, y Cucurella enviaría un disparo pegado al palo.

Se salvaba la Real pero parecía evidente que, tarde o temprano, el gol visitante terminaría llegando. Imanol Alguacil ponía a Sandro y a Rubén Pardo para intentar cambiar la tendencia del partido, pero cuando un equipo se deja llevar tanto tiempo y de manera tan clara en un partido es muy difícil revertir la dirección del partido.

Aún así el empate llegaría de la manera más cruel posible para los de Imanol. Y es que, después de aguantar las embestidas de los de Mendilibar era Jordán quien, en una falta a unos 20 metros, quien iba a perforar la red de Gerónimo Rulli para dar su merecido a un equipo que, para ser honestos, ni si quiera mereció el empate. Pero la Real se empeñaría en hacer que la rabia aumentase en su afición y, dando, por primera vez, la cara, conseguirían volver a anotar, aunque el gol de Mikel Oyarzabal terminase siendo anulado.

La mediocridad se ha apoderado del club, y esto se ha permitido desde la directiva. Otra temporada en la que el equipo va a terminar deambulando por mitad de tabla sin pena ni gloria, en la que nos salvaremos sin problemas y no aspiraremos a nada más. Así, el tiempo, terminará mandando a los jugadores más ambiciosos fuera del equipo y a los mediocres dejándolos en casa con medio twitter suspirando por sus renovaciones cada año. Para revertir esto la dirección, con Aperribay a la cabeza, debe empezar a cambiar el rumbo desde ya y planificar bien (todo lo bien que no se ha hecho esta temporada) la temporada que viene. Pero eso es demasiado pedir para un grupo que trabajará lo justo y necesario para vivir otra temporada sumidos en la mediocridad y que conseguirá vendernos una buena temporada como algo extraordinario.

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