Un paréntesis en nuestro sueño

Hoy tocaba despertar. Nuestra Real Sociedad ha encajado su primera derrota de la liga 2017-2018, tras caer esta noche por 1-3 ante el Real Madrid en el estadio de Anoeta.
Ante todo, debo reconocer que el equipo merengue en términos generales ha sido superior a la Real y ha merecido llevarse los tres puntos de San Sebastián.

De todos modos, debo añadir dos importantes matices:
1- Una vez más, el árbitro de turno (Iglesias Villanueva), ha dejado al descubierto las carencias democráticas que tiene esta liga, favoreciendo en todo momento al Real Madrid, al concederle su segundo gol clave en la resolución del partido, y que vino claramente precedido de una falta a Diego Llorente.
Además, a la hora de la señalización de las faltas, y de las amonestaciones, el trencilla nos ha perjudicado en todo momento, lo cual desgraciadamente ya nos temíamos antes de empezar el partido, ya que los intereses económicos obligaban a que hoy el Real Madrid ganase por lo civil o por lo penal.

2- La suerte tampoco nos ha acompañado ya que el segundo y el tercer gol del Real Madrid, han llegado cuando la Real estaba jugando sus mejores minutos, y nuestra esperanza parecía resurgir.
A pesar de ello, no debemos justificar la derrota ni en el árbitro ni en la mala suerte, ya que el principal desencadenante de este tropiezo ha sido que la Real no ha podido ofrecer la versión que nos acostumbra.
El Real Madrid al igual que en la temporada pasada, se ha sentido demasiado cómodo en Anoeta dominando claramente la primera mitad, y viviendo de las rentas en la segunda.
Seguimos sin encontrar la tecla para desactivar al Real Madrid en nuestra casa.

En una noche llena de ilusión, Anoeta se vestía con sus mejores galas, con miles de aficionados que acudíamos con el corazón emocionado dispuestos a ayudar a nuestros jugadores a alcanzar el cielo derrotando al campeón de liga, de Europa, y del mundo.

Eusebio nos sorprendió con la alineación. Las entradas de Kevin por De la Bella, y Januzaj por Vela podían entrar dentro de la lógica, pero la continuidad en la titularidad de Sergio Canales, no estaba dentro del guión. De todos modos, muy mal haríamos en poner en la diana a Eusebio, gran artífice de la resurrección de la Real en estos dos últimos años.
En el Real Madrid por su parte, Zidane, pesar de las numerosas bajas, pudo disponer de un once de lujo (es lo que tiene triplicar en presupuesto a todos los equipos, lo que les faculta a tener un banquillo de oro), destacando la inesperada presencia de Borja Mayoral que a la postre sería la pesadilla de la Real en esta noche, junto con el galés Gareth Bale que sigue siendo nuestra bestia negra en Anoeta.

Desde el principio, comprobamos que la Real hoy no iba a tener su noche. Lejos de esa salida en tromba que todos soñábamos, los primeros minutos tuvieron claro color blanco. El Real Madrid dominaba la posesión, nos presionaba en la salida del balón, y ejercían un control extremo sobre Asier Illarramendi al que apenas vimos durante toda la contienda.
En los primeros 15 minutos, el partido se jugó en nuestro campo, aunque el Real Madrid no disparó ni una sola vez a puerta.
Hacia el minuto 20, tras la salida de un córner, el Real Madrid trenzó una larga jugada que acabó con una asistencia cayéndose de Sergio Ramos hacia Mayoral que batió irremediablemente a Gerónimo Rulli. Era el 0-1, y el principio del fin.
El gol blanco pareció espolear ligeramente a la Real que poco a poco fue acercándose a las inmediaciones de la portería de Raúl Navas que durante toda la noche recibió los merecidos silbidos de unos aficionados que no olvidamos la lesión de Agirretxe, y su nula disposición a preocuparse por el estado de nuestro jugador.

En el minuto 29, llegaría nuestro único momento de éxtasis, El eléctrico e incombustible Álvaro Odriozola (el mejor de la Real con diferencia esta noche), emprende una de sus endiabladas incursiones por la banda derecha. Centra en largo, Kevin remata de volea, Navas sólo puede rozar el esférico que lentamente besa las mallas.
Los seguidores lo celebremos con un grito de felicidad abrazándonos a nuestros compañeros de fila. Fue tal la emoción que en la grada supletoria del Fondo Sur, la efusividad provocó la caída involuntaria de una valla que hirió a un operario de cámara que tuvo que ser asistido durante varios minutos provocando unos momentos de angustia. Afortunadamente todo quedó en un susto y aunque el operario salíó en camilla, su estado no parece revestir gravedad.
El 1-1 nos hizo volver a soñar. La Real dejó de respetar excesivamente al Real Madrid y recuperó su descaro.

Y así llegamos al momento clave de la contienda, la que discurrió entre los minutos 36 al 37.
En una jugada similar a la del 1-1, Kevin de volea manda el balón a la cruceta en lo que pudo ser el 2-1. El Real Madrid sale rápido al contragolpe, Llorente es objeto de una clara falta, Iglesias Villanueva se hace el sueco, y la jugada subsiguiente acaba con un desafortunado gol de Kevin en propia meta. Así es el fútbol y la vida. De estar a punto de convertirse en un héroe con dos goles, a sentir el dolor de marcase en un autogol. Todo en 60 dolorosos segundos, aderezados por el latigazo arbitral, del que seguramente esta noche los medios estatales no quieran hablar.
El 1-2 fue todo un jarro de agua fría, y la Real no pudo hacer nada más antes de llegar al descanso.

Tras la reanudación, el partido cambió de color. El Real Madrid echó un paso hacia atrás, Vela entró en el minuto 55 por Canales, y la Real ganó en profundidad. Sentíamos que la remontada era posible, aunque no dispusimos de ocasiones claras.
La Real atacaba valerosamente, a sabiendas de que podía acabar ingeriendo el veneno del contragolpe del Real Madrid. De este modo en el minuto 60, recibiríamos el golpe definitivo. Isco pasa en largo a Bale que gana en velocidad a Kevin, y bate a Rulli. Era el 1-3 que evaporó nuestra última esperanza de remontada.

En la última media hora, Eusebio sacó su artillería pesada dando entrada a Juanmi y Agirretxe, pero no hubo manera de recortar distancias, y el Real Madrid acabó tranquilo el partido, aunque con algunos gestos poco caballerosos manifestados en fingimiento de lesiones, o cambios en el descuento con todo decidido. Esa es la clase alta de la liga. El Barcelona presume de “valors”, y el Real Madrid de ser “caballero del honor”, pero en el fondo, son el mismo perro con distinto collar.
Y así concluía la historia de un partido que quisimos vivir como un sueño, pero que acabó convirtiéndose en un reencuentro provisional con la realidad, aquella que nos dice que el Real Madrid sigue atragantándose en Anoeta.
De todos modos, no debe cundir el desánimo. Estamos en el 3º puesto de liga (zona Champions), somos el equipo más goleador, estamos a dos puntos del líder, los blancos siguen por detrás nuestro, y en Europa League, somos colíderes de nuestro grupo.

Era inevitable caer algún día, pero vamos a levantarnos de inmediato. No tenemos que arrepentirnos de haber disfrutado de un mes entero inmersos en un dulce sueño, en el que muy pronto volveremos a sumergirnos.
Hoy hemos puesto un pequeño paréntesis en nuestro camino a la gloria, pero quien crea que la Real se va a diluir como un azucarillo está muy equivocado.
Estamos destinados a vivir una temporada mágica, y una simple derrota no nos va a paralizar.
Ánimo Real, y a recuperarse !!!!!!!!

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1 respuesta

  1. Nima dice:

    Kaixo! Seguro que nos espero una temporada de sueño! Tenemos un gran equipo!
    Aupa la Real desde Roma!
    https://txuriurdinroma.com

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