45 minutos de intensidad no fueron suficientes

Noche triste. Nuestra Real Sociedad no ha podido pasar de un empate a 1 ante el Espanyol de Barcelona en el estadio de Anoeta, acumulando su cuarto partido liguero consecutivo sin conocer la victoria en casa.
Cuatro factores han sido en mi opinión determinantes, para que la Real no haya podido lograr una victoria que necesitábamos para seguir enganchados en la cabeza de carrera:

1- Una mala primera parte en la que nuestra Real ha jugado a medio gas, dejando apartados sus valores habituales.
2- La antideportiva y teatrera actitud que han mostrado muchos jugadores del Espanyol a lo largo de la segunda parte, fingiendo lesiones y recurriendo a todo tipo de triquiñuelas para perder el tiempo.
3- La pésima labor del colegiado Melero López, que ha permitido a los jugadores del Espanyol practicar impunemente el antifútbol, sin tener ni tan siquiera la dignidad de ofrecer un descuento justo, atreviéndose además a expulsar injustamente a Asier Illarramendi, y no queriendo ver alguna jugada polémica en el área periquita.
4- Algunas grandes intervenciones de Pau López que han impedido que la Real, único equipo que mereció la victoria, se llevara los tres puntos.

Podemos decir que hemos vivido un calco del partido Real Sociedad-Espanyol de la temporada pasada en Anoeta. Hace un año, la Real también regaló la primera parte al Espanyol, vio como el rival se adelantaba en el marcador, y ofreció en el segundo periodo una reacción tardía que le valió solo para arrancar un 1-1.
De todos modos, en el lado positivo, esta noche ha sido la de la eclosión de Adnan Januzaj, con una jugada que quedará para siempre grabada en nuestra retina, lo que unido al pobre rendimiento de Carlos Vela, hacen entrever que es necesario que el mexicano (al que justo es reconocer, siempre agradeceremos la magia que en su día nos ofreció), ceda definitivamente su testigo al belga.

En los prolegómenos del partido, un mini-concierto en las inmediaciones de Anoeta, con el hermoso himno txuri urdin sonando a ritmo de rock, acrecentó aún más la ilusión con la que acudimos a nuestro querido estadio.
Al llegar a nuestros asientos, pudimos divisar en persona una de las grandes imágenes de la velada. El fondo txuri urdin convertido en ruinas, dando la impresión de ser un valioso resto del Imperio Romano. Una imagen de película con un trasfondo histórico y emocional. Muchos aficionados tomamos una instantánea con nuestros móviles, para guardarla para siempre en nuestra hemeroteca.

Eusebio puso en liza una alineación reconocible. Íñigo Martínez volvía a la titularidad tras casi dos meses en el dique seco, acompañando a Diego Llorente. Odriozola y Kevin como titulares. Illarramendi y Zubeldia como pivotes. Y en el centro del campo, la sorpresa vino con la presencia de Carlos Vela, que a pesar de su voluntad, dejó claro que su luz txuri urdin está a punto de extinguirse para siempre.

El inicio del partido fue inexplicablemente descorazonador. La Real de una manera incomprensible, se mostraba dubitativa y reculante, con constante pases hacia la posición de Gerónimo Rulli, que una noche más, volvió a demostrar que está a años luz de sus mejores tiempos, con constantes errores en sus pases, y con una inseguridad sellada en su ser.
Quizás, la Real se vio apresada por el orden de los pupilos de Quique Sánchez Flores, pero la verdad es que no me esperaba este inicio de encuentro.

Para más inri, en el minuto 8, en el único disparo a puerta de todo el partido del Espanyol, los barceloneses harían diana. Un centro de Jurado fue cabeceado a placer por Leo Baptistao hasta la red, aprovechando la media salida de un descolocado Rulli.
El gol fue un jarro de agua fría, y se empezaron a escuchar murmullos en la grada, sobre todo cuando el esférico volvía constantemente a los pies del arquero argentino.

A medida que fue avanzando la primera parte, la Real empezó a ganar algo de brío, aunque sus contadas llegadas fueron más producto de individualidades que del juego colectivo.
En el minuto 28, una gran jugada de Oyarzábal no fue aprovechada por Carlos Vela, mientras que en las postrimerías de este primer acto, de nuevo Mikel Oyarzabal sacó un conejo de la chistera, con un sensacional remate desde la frontal del área que hizo lucirse a Pau López, que sacó una mano salvadora junto a la escuadra.

Tras la apatía de los primeros 45 minutos, vimos a una Real distinta en el segundo periodo. La entrada en el minuto 59 de Januzaj por Vela, permitió a la Real recuperar la calidad, mientras que nuestro centro del campo y nuestra bandas empezaban a hilvanar jugadas de peligro.
El Espanyol estaba encerrado en su área, y por fin estábamos viviendo el guión que queríamos. Pau López con paradas de mérito como la que hizo a un colocado tiro de Oyarzábal mantenía la ventaja catalana, pero sentíamos que el gol de la Real tarde o temprano tenía que llegar.

Hubo que esperar al minuto 68, para emocionarnos con una jugada de prosa. Januzaj se va de velocidad de un contrario, se interna en el área, le hace un caño a David López, y aún tiene fuerzas para dar el pase de la muerte a Illarramendi que remacha a la red. Era el 1-1, y desde la grada celebramos el gol con efusividad, rindiéndonos a la impresionante calidad de Janu.
Aún quedaban 22 minutos, y creíamos que la victoria era posible. Sin embargo, a partir de entonces, el Espanyol empezó con su show antideportivo, ante el beneplácito de Melero López. El balón estaba más tiempo parado que en movimiento, y apenas podíamos llegar en faltas o córners con cierto peligro para intentar dar una lección al embotellado Espanyol.

Canales y Juanmi entraron como últimos revulsivos realistas, pero las ocasiones claras brillaron por su ausencia, y llegaríamos al final con el 1-1, y con el dolor adicional de la expulsión de Illarra por dos amarillas recibidas en los minutos 87 y 90 (en mi opinión, al menos rigurosas), con algún agarrón impune en el área rival, y con un vergonzoso descuento de sólo 3 minutos que ni tan siquiera se hizo efectivo.
Anoeta acabó rugiendo contra la malicia compartida por el Espanyol y el árbitro, pero no había nada que hacer, Debíamos conformarnos con un punto que nos sabe a poco.

La Real queda ubicada en el 9º lugar de la clasificación, aunque los puestos europeos están a sólo 2 puntos, sin que ni tan siquiera hayamos recorrido aún la cuarta parte de esta liga.
A pesar de que hubo factores externos que condicionaron el encuentro, también tenemos que hacer autocrítica, ya que si la Real hubiese jugado en la primera parte con la intensidad que nos acostumbra, seguramente ahora estaríamos gozando de una nueva victoria. Es evidente que nos cuesta más jugar en casa que a domicilio.

Por último, quiero destacar la cariñosa ovación mayoritaria con la que la grada de Anoeta recibió a Esteban Granero cuando saltó al césped en la segunda parte.
En definitiva, esta noche ha supuesto un pequeño freno a nuestra escalada, pero quedémonos con que hemos sumado un nuevo punto a nuestro casillero, con la garra de la segunda parte, con la nueva exhibición de Oyarzábal, y con el manantial de talento de Adnan Januzaj.

Dentro de menos de 72 horas, nos espera el Lleida en la Copa del Rey, y aunque la Real jugará con los menos habituales, ni queremos ni vamos a dar la espalda a ninguna competición. Seguiremos soñando con todo.
Ánimo Real !!!!!

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: