Un premio más que merecido

Llegas al primer equipo, la gente te coge cariño. Tu apellido hasta entonces producía más miedo que admiración. Pero apareces tú, con 21 años, y anotas en el Bernabeu. Apareces tú y empiezas a escribir tu historia. Historia que desde el primer momento parece tener muy buena pinta. Lo sabe la gente y, lo mejor, parece que lo sabes tú. Elustondo ha llegado para quedarse, Aritz Elustondo.

Y todo sigue bien. Vas a encarar tu primera temporada como jugador del primer equipo y terminas ganándote un puesto como titular en muchas ocasiones. Tienes tus dudas, las dudas normales de un novato, ciertos fallos puntuales, errores de concentración. Pero también muestras las ganas de triunfar de un novato, y la gente sabe agradecerlo. Te ganas el cariño de tu gente y un puesto fijo en el primer equipo. Pero todo empieza a torcerse.

Cuando empezó la temporada 2016/17 Elustondo desapareció del equipo. Estaba, pero no. Se quedaba fuera convocatoria tras convocatoria y, cuando entraba, normalmente era para ver todo el partido desde el banco. Rara vez jugaba, y cuando lo hacía se topaba con la mala suerte. Mala suerte que le acompañaba fuera del campo, aunque no mucha gente lo sabía. Conforme va avanzando la temporada, Aritz cada vez parece más fuera del equipo. Había gente que ya lo sabía; otra que ya lo intuía y otra que, como yo, no sabía nada, y se pensaba que Aritz después de una llegada buena había bajado el nivel y estaba más fuera que dentro.

Pero llega diciembre y la noticia ya llega a todos. El padre de Aritz fallece, y sólo una persona que haya pasado por lo mismo puede imaginarse el dolor que para un chaval que a penas pasa de la veintena eso puede suponer. Aritz debía estar roto, y desde el club lo sabían, y ahora la afición, que se vuelca a mandarle mensajes de ánimo. Aritz, te esperábamos, no importaba el tiempo que necesitaras, nosotros te esperábamos.

Terminaste la temporada sin a penas jugar, pero nosotros te esperábamos para la que recién acaba de empezar. Y aquí estás. Como titular desde el principio, porque te lo has ganado. Y jugando bien. Y encima llegó un gol contra el Valencia. Perdimos, pero para ti fue especial, y si para ti lo fue, también lo fue para nosotros. Independientemente del resultado todos estábamos contentos por tu gol, y por tu dedicatoria. Y volviste a marcar, y esta vez ganamos, volvimos a ganar gracias a que mantuvimos la portería a 0 (también has sido culpable de esto), y gracias a que marcaste.

Tu actitud es la nuestra, tus fallos son los nuestros, tus goles son los nuestros y tu actual sonrisa, también es la nuestra. Te mereces todo y más.

Orgullosos de ti, Aritz.

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