La Real Sociedad se abona a la mediocridad

Por segunda temporada consecutiva la Real Sociedad se planta en las jornadas finales sin un objetivo claro. La falta de ambición sumada a la irregularidad en su juego forman una dupla demoledora. Hasta el punto de verse obligada a cambiar de entrenador antes de acabar la primera vuelta, cuando la mediocridad era más que patente. Un cambio de entrenador que, ¿de verdad cambió algo?.

Con la llegada de Imanol Alguacil se tuvo una muy buena racha al comienzo de su mandato. Parecía que algo había cambiado. Pero solo fue un espejismo. El equipo seguía jugando muy por debajo de sus posibilidades (y la excusa de las bajas ya no era efectiva) pero al principio se sacaron los partidos adelante.

Sin embargo esta tónica no duró lo suficiente y la Real se vio inmersa de nuevo en la espiral que acompaña al equipo desde la temporada anterior. La mediocridad. Mediocridad en el juego, en la ambición, en la pasión. En el banquillo.

No hablo por nadie cuando pienso que Imanol no es entrenador para la Real Sociedad. Y tampoco lo hago cuando digo que sí lo es. Ambigüedad en mi argumento. Pero con fundamento.

Imanol es la persona idónea para enchufar un vestuario, dar ánimo, órdenes, sentir el escudo por el que trabaja. Pero no para llevar la batuta de los planteamientos, jugadas, cambios. En definitiva. No para ser el máximo responsable de la plantilla.

Pensemos en el estilo de juego de esta Real Sociedad. Tener la posesión pero no crear peligro con ella. No hay profundidad, no hay tiros desde fuera del área. Tan solo intentos de jugar por banda y centrar (que, puestos, nuestros laterales no dan un centro a derechas). El equipo es posiblemente de los más previsibles de toda la liga, y tan solo un chispazo de nuestros jugadores más habilidosos nos dan situaciones de ventaja.

Ni siquiera se nos han dado bien las jugadas ensayadas, en las que hemos encajado más goles de los que hemos anotado. Todos los ingredientes posibles para dar como resultado nuestra posición en la tabla. No estamos entre los equipos defenestrados, pero tampoco en los punteros. Estamos en tierra de nadie. Mediocridad.

Y se vuelve a repetir la misma situación de la temporada pasada. El equipo tiene por delante unos partidos donde podrá redimirse o simplemente jugarlos como lleva haciendo toda la temporada. Al menos habrá tiempo de nuevo para planificar la temporada que viene. Pero eso sí, quizás los más ambiciosos del equipo no quieran vivir otra temporada en un equipo mediocre.

 

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